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Omar Torrijos y las instituciones modernas

Como gestor y guía de la Revolución dc Octubre dc 1968, Omar Torrijos Herrera actuó desde el iniciar dentro dcl convencimiento de que ningún movimiento de índole revolucionaria logra la plenitud de su vigencia si no transforma con dimensión profunda, abarcadora y permanente. Por eso se propuso evitar el superficial roce transformador de lo que había; y, en cambio, hundir en lo hondo el escalpelo de la Revolución para auscultar las realidades legítimas, no las aparentes, y sobre la base del diagnóstico, trazar las estrategias y la táctica del cambio.

Una mirada general sobre el panorama dc lo nuestro le indico de inmediato que muchas de las instituciones nacionales consagradas por el tiempo, o eran obsoletas o adolecían de la anquilosis que suele generar el paso de los años, cuando los organismos no procuran adecuarse a las transformaciones que exige el avance del futuro, que llega con tal velocidad ene l mundo de hoy, que los hombres y los pueblos que no se programan para el porvenir pierden el presente y se condenan a vivir en el pasado permanente.

“La velocidad de marcha” fue. por eso, una de sus ex presiones favoritas ; y más que una expresión, se transformó en una actitud mental, en la que podía permitirse hasta el error, con posibilidad de enmienda, pero no la inamovilidad, en la que perdía tiempo y vida, irrecuperables ambos.

En una especie de intuición de la brevedad de su vigencia como agente transformador de nuestro país, Omar Torrijos imprimió a cada uno de los campos de la administración estatal una dinámica de avance y de modernización que justifica el pensar, que durante este periodo revolucionario, Panamá ha dado un verdadero salto en el tiempo para acercar hacia el presente su encuentro con el mejor futuro.

Las necesidades básicas del pueblo fueron, precisamente, las preocupaciones prioritarias del Gobierno Revolucionario desde el inicio. Luz, agua, alimentación, vivienda, salud y trabajo remunerado, en lo físico; y en lo inmaterial pero importante, la justicia social, la educación, la dignidad nacional, la reivindicación histórica, la configuración de una imagen de Panamá que por su recia verticalidad se tornara en legitima razón de orgullo para los panameños del presente y del futuro.

Para lograr metas tan altas hacía falta el apoyo de grandes recursos, que también los procuró, obteniéndolos mediante la adopción de una política económica adecuada hacia la obtención de tales objetivos, la cual incluye el aprovechamiento agresivo pero planificado de nuestra capacidad crediticia.

Una brevísima mirada sobre el panorama nacional nos revela de inmediato como, bajo el liderazgo de Torrijos, las instituciones nacionales se modernizaron, ampliaron el campo de sus respectivas actividades y se profundizaron para beneficio del hombre panameño.

El mundo moderno ni siquiera se concibe sin el recurso de la energía, lo que hace que todos los Gobiernos responsables, ante las exigencias del presente y las demandas previsibles del futuro, dediquen toda su atención a la solución de su propio problema energético. Dentro de ese contexto, la Revolución trazo desde su arribo los lineamientos de inmediata ejecución que apuntaban hacia la producción de energía eléctrica, dentro de dos características: una, que la energía lograda fuera suficiente para solucionar necesidades de hoy, y del provenir inmediato, que incluye no solo las exigencias del total de nuestra población actual y la venidera calculada, sino además las exigencias de nuestro comercio e industria y, sobre todo, la enorme demanda de energía que representa el funcionamiento y actividades aledañas al Canal de Panamá.

La producción de esa energía por los métodos convencionales resultará ruinosa si no adoptamos medidas que eviten en todo lo posible el consumo de petróleo y sus derivados, dadas las condiciones de precio y escasez crecientes que rodean hoy al hidrocarburo. De allí que la Revolución se esmerase en la utilización de la fuerza de nuestros ríos para convertirlos en fuentes de luz, de energía, de trabajo y de progreso ; y son jalones de ese esfuerzo bien encaminado y bien logrado las instalaciones de Bayano, La Estrella, Los Valles, Teribe, etc., con los cuales Panamá ha multiplicado su capacidad de producción energética de naturaleza hidroeléctrica, evitando el enorme gasto que supondría una política diferente en este campo.

Vale la pena señalar el hecho de que este esfuerzo tiene una consecuencia apreciable de muy alto valor social, ya que ha permitido el arribo de la luz y de las comunicaciones hasta parajes de nuestro país en donde la existencia de un bombillo y la utilización de un teléfono eran apenas pinceladas de un sueño irrealizable. Empeño este que no se limitó a las fronteras de la nación, porque nuestro sistema de comunicación a distancia abarca ya un ancho campo del mundo que nos rodea.

El suministro de agua potable a las más apartadas comunidades de la nación ha sido, de igual manera, preocupación permanente del Gobierno surgido bajo el liderazgo inspirador del General Torrijos. Dentro de la naturaleza y brevedad de este trabajo no cabe el uso de las cifras específicas que corresponden a la demostración del avance de cada una de las instituciones estatales; pero bien puede aseverarse que, al igual que en la energía, el suministro de agua potable para el consumo particular e industrial se ha aumentado en forma por demás considerable por medio de numerosos acueductos construidos a todo lo extenso del país.

La alimentación de nuestra población residente y de la flotante en razón de nuestra condición de país de intenso tránsito ha sido motivo de interés máximo para el Gobierno Revolucionario. La productividad en el renglón agropecuario ha polarizado la atención estatal, y demanda cuantiosos recursos económicos con resultados cada vez más visibles y más concretos, aunque como es de suponer, aún insuficientes. Los productos de la tierra, de la ganadería, de la avicultura y de la acuicultura, también se han multiplicado; y en algunos renglones, como la producción de peces y camarones en nuestros ríos y en estanques, muestran ya índices de avance que señalan su clara tendencia hacia las metas de producción que se han prefijado para estas actividades.

Conjuntamente con la política de incremento de la producción de alimentos, se ha intensificado la política de mercadeo. Tanto en el medio local como en los mercados extranjeros, las instituciones estatales procuran salida a los productos del trabajo agropecuario a precios razonables que, al mismo tiempo que incentiven al productor, protejan al consumidor contra el abuso de los altos precios injustificados.

Entre los estímulos reales que el liderazgo de Torrijos ha instituido, hemos de tener muy en cuenta la creciente actividad del Banco de Desarrollo Agropecuario y el Instituto de Seguro Agropecuario, el primero de los cuales suministra financiamiento a los productoras carentes de recursos, llegando su dinámica hasta el desplazamiento de proyecciones del Banco hacia los sitios de producción, para que el productor pueda lograr, mediante la evaluación objetiva de su trabajo, los recursos que necesita y cuya obtención exigiría un largo papeleo y gasto de dinero y tiempo adicional por parte del Banco y del interesado.

Por su parte el Instituto de Seguros Agropecuarios, al ofrecer al productor la respectiva póliza de seguro de su cosecha, está precaviéndose contra las alternativas de pestes, sequías, inundaciones y tantas otras circunstancias adversas que pueden incidir sobre el normal desenvolvimiento de una actividad agraria.

Es una verdad elemental aquella de que la escasez de viviendas es problema mundial. Pero el hecho de que tal escasez sea un mal de todos no ha servido de consuelo al Gobierno Revolucionario, el que se ha propuesto y viene logrando el objetivo de darle a la mayor parte de las familias panameñas su correspondiente unidad de vivienda, como el recurso imprescindible y básico para la consolidación del núcleo familiar que es, a su vez, esencia y semilla de la integridad nacional.

En este aspecto, la labor del Gobierno Revolucionario ha sido de una intensidad y una celeridad de tal magnitud que bien puede demostrarse que el número de unidades de vivienda construidas y entregadas a sus respectivos usuarios en los años de vigencia de la Revolución sobrepasa muchas veces el total de lo obtenido por todos los Gobiernos anteriores al 11 de octubre del 68 desde el inicio de la Republica.

Las barriadas han surgido y proliferado a un ritmo realmente sorprendente, que obtiene alto índice dentro del movimiento continental de dotación de viviendas. Tanto en las áreas aledañas a la ciudad capital como en las cercanías de otras ciudades y poblaciones del interior del país, se cuentan por millares las unidades de vivienda en las cuales la familia panameña, radicada, compacta, asume con el optimismo que proporciona la unidad las responsabilidades del presente y convierte en realidades inmediatas muchos de los sueños del porvenir antes inalcanzables por lejano.

Una orientación recientemente adoptada por el Ministerio de Vivienda viene a dar un giro distinto de mayor contenido social y humano a los programas de vivienda del Gobierno Revolucionario. Modalidad que tiene en cuenta el hecho de que el individuo trasplantado de su habitual área de residencia hacia una localidad distan- te y distinta sentirá por largo tiempo no sólo la nostalgia de su viejo pequeño mundo que por encima de todos sus defectos es el poseedor dc todos sus afectos, sino la rebeldía y el rechazo íntimo de la nueva situación, sentimientos que se acreditan al impulso de los problemas de transporte, lejania de los sitios de trabajo y tantos otros que se dan dentro de la realidad de un cambio definitivo de ambiente.

Y entra aquí un concepto modernizador de la actividad estatal en materia de vivienda, cuando el Ministerio de ese ramo está procurando va efectuar esa labor de vivienda adecuándola a su plan de renovación urbana, dándoles a las familias de cada sector una unidad de vivienda nueva, más digna y a precio razonable, pero dentro del mismo barrio en que haya residido siempre. De acuerdo con este nuevo plan, es lógico esperar que el individuo sienta más cónsona la vivienda nueva con su medio habitual de vida, dentro de sus mismas relaciones de amistad, de paisaje y de luchas y esperanzas.

En cuanto al problema de la salud, hemos de comenzar por señalar que ya los esfuerzos en materia de dotación de agua potable, de alimentación y de vivienda son factores coadyuvantes al mejoramiento de la salubridad de las comunidades y del panameño. Dentro de ese concepto general, básico y sumamente importante, el Ministerio de Salud lleva a cabo su tarea incesante a través de las Unidades Sanitarias, las giras asistenciales y las instalaciones hospitalarias, que son otras tantas agencias del Estado para preservar y mejorar la salud del panameño.

También en este campo ha habido acelerada modernización en la prestación de tales servicios, en la construcción de nuevas instalaciones y en el manejo de las mismas, que son expresiones de la dinámica de modernización de estos organismos de trabajo gubernamental en favor de la salud de nuestro pueblo.

La preocupación del General Torrijos, a cuya influencia se debe en casi su totalidad la orientación del quehacer estatal durante el periodo revolucionario, no podía limitarse a lo meramente físico; de allí que su interés se enfatizara también en el terreno de la educación, ya que la generación actual tiene, entre sus muchas responsabilidades, la de estructurar un panameño que tenga suficiente capacidad integral como para que pueda aceptar y cumplir a satisfacción nuestra y del mundo las responsabilidades de hoy, que se perfilan apenas como un atisbo de lo que serán nuestra responsabilidades durante el siglo venidero.

Está en proceso el logro de esa meta. Como la adopción de una nueva línea en materia política y de orientación educativa, no es tarea de un solo día ni de un solo intento, aún estamos evaluando la conveniencia de los distintos caminos que pudiera seguir nuestra educación para que de ella resultara un panameño más educado que el actual para la aceptación exitosa del gran desafío que nos plantea la historia tan inmediata y tan exigente. El encuentro de esos nuevos rumbos está en manos de una comisión de educadores los cuales, por su experiencia, su formación y su sentido de patriótica responsabilidad, darán al Gobierno, en su hora, el rumbo exacto para el alcance de tan complejos objetivos.

Entretanto, el Gobierno aumenta considerablemente el número de aulas de labor docente y hace énfasis en la dotación de los maestros y profesores, así como de todos los implementos que demanda la función educativa.

La justicia social es preocupación permanente del Gobierno Revolucionario; y las disposiciones que la norman, contenidas en el Código de Trabajo, son clara demostración de ese interés.

Con sus defectos – que ha de tenerlos como toda obra humana- y con sus muchos aciertos que le son reconocidos por trabajadores y empresarios, el Código de Trabajo de Panamá es un instrumento de salvaguarda de los intereses comunes del trabajador y del capital.

Es innegable que no el uso, sino el abuso de algunos grupos de trabajadores, como de determinados empresarios, ha originado situaciones controversiales que motivaron modificaciones y sustituciones de algunas de las cláusulas de ese Código. Pero, en términos generales, existe en Panamá un concepto moderno en torno a la relación obrero-patronal y la mejor forma de mantener e incrementar el equilibrio armónico que debe existir entre sus intereses, para el mayor rendimiento y el mejor provecho de ambos y del progreso nacional.

En otro aspecto de justicia, la ordinaria, la administrativa, la civil, la penal, el pensamiento del General Torrijos se proyectó hacia la formulación de nuevos códigos. Llevado de su constante afán de velocidad, adoptó como constante motivación de sus afán en este aspecto la expresión conocida de que “justicia tardía, no es justicia”. Y al impulso de ese objetivo se creó la Comisión Codificadora que ha laborado durante todos estos años en la formulación de esos nuevos instrumentos normativos de la actividad nacional en todos sus aspectos y niveles, Los Códigos, algunos, son ya una realidad y son también una demostración más del interés multiforme del General Torrijos de sustituir con beneficio para la nación y para el ciudadano todo lo que por obsoleto debía ser reemplazado, mejorado, modernizado con miras al encuentro del futuro.

Hay un aspecto de la transformación de Panamá debido al esfuerzo y a la orientación revitalizadora y con afán modernizador de Omar Torrijos que no puede medirse con unidades cuantitativas de evaluación. Y es el que se refiere al cambio de ángulo de nuestras relaciones con el exterior, incluidas las que mantenemos con los Estados Unidos de América, sobre todo en función del Canal de Panamá.

La nueva característica de la diplomacia de Omar puede definirse como la relación de cara a cara. La utilizó en lo interno, cuando estableció lo que denominó su “patrullaje”' para decirlo en los términos de su disciplina militar. No vio las fotografías ni las grabaciones de las realidades de su pueblo sino que las vivió en el sitio y en la hora en que esas realidades ocurrían. Por eso pudo aplicar, mediante la acción del Gobierno que orientaba, los sabios remedios a las respectivas urgencias.

Además, al crearse la institución del Poder Popular, con sus diversas expresiones que van desde los Representantes de Corregimientos hasta el Consejo Nacional de Legislación, la Revolución je Saturada por el General Torrijos logró organismos capaces de detectar en lo inmediato las necesidades, urgencias, aspiraciones, demandas y esperanzas de las comunidades.

Con esos datos a mano, los Consejos Provinciales de Coordinación constituyen los receptores de las demandas que debe atender el Presupuesto Nacional. Tarea en la que esos organismos tienen una segunda oportunidad de expresión y decisión, cuando las leyes presupuestarias lleguen al seno del Consejo Nacional de Legislación y de la Asamblea Nacional de Representantes de Corregimientos. Todo lo cual nos dice, en síntesis, que en este moderno concepto de la actividad normativa de la política económica, el trabajo emana de las bases, lo cual significa ya una seria consulta previa, que le da solidez y aceptación plena a este aspecto de la labor del Gobierno.

Y en lo externo, cuando se trató de convencer a los gobernantes de otros pueblos, cercanos y lejanos, de la Verdad de Panamá, también lo hizo de cara a cara, sin temor a las distancias ni rechazo de las incomodidad es.

En este sentido fue un viajero incansable, con equipaje material muy parco pero con un enorme cargamento de entusiasmo, de optimismo, de patriotismo y de fe, nacida de su convicción inamovible de que Panamá siempre ha tenido razón en sus demandas de justicia en lo referente al pacto desigual que se deriva de la llamada Convención del Canal Ístmico.

Y los resultados están a la vista; su incesante peregrinar por todas las rutas del mundo ha traído como consecuencia la transformación de nuestra geografía y la modernización de la Historia, en la que él, Omar Torrijos Herrera, escribió con su propia mano un capítulo de importancia insuperada en lo que va del siglo y difícil de superar en el porvenir. Ello, aunque como rastro de esa obra quede, por un lado, la crítica recalcitrante y contumaz de los enemigos de su nombre y de su obra, en el reverso queda una bandera tricolor ondeando al viento panameño de I Ancón, y una juventud dispuesta a perfeccionar lo que encuentra hecho, tal como corresponde al espíritu transformador de todas las juventudes, sanas y libres del mundo.

Para todo lo anterior, trazado en simple esbozo, sin presunción de sentar catedra, se necesitan cuantiosos recursos económicos. Y la actividad gubernamental inspirada por el pensamiento dcl General Torrijos buscó y encontró esos recursos, mediante la estabilización del orden de cosas en el ámbito interno, como medida inicial para obtener la confianza de los grandes capitales del mundo; paso inicial para intentar, como se hizo con todo éxito, la creación de un Centro Bancario en Panamá, que convierte a nuestro país en la fuente de recursos para la institucionalización de Panamá, como centro financiero.

Además, el ordenado manejo de los recursos públicos, y la presentación planificada de los proyectos que han demandado financiamiento, han hecho que nuestro país pueda utilizar en gran proporción pero muy juiciosamente su alta capacidad crediticia para la captación de los recursos que todos estos proyectos exigían y siguen exigiendo.

Sobre la base de ese equilibrio, de la permanente paz social, de unas políticas de recaudación y fiscal adecuadas y también a través del cumplimiento estricto de nuestras obligaciones con el capital destinado a los planes y programas del Estado, Panamá marcha con paso firme y raudo hacia las me tas de un porvenir siempre mejor.


Omar Torrijos Herrera


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