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Omar – Líder

Omar – Líder

Un tanto de acuerdo con los aires que soplan de momento, recibí inesperada solicitud en el sentido de que dedicara “unas cuantas páginas” al recién fallecido General Omar Torrijos. Se me formulaba la solicitud como ciudadano no alineado, aunque conocedor de Omar. Quien tal escrito me requiriese, tal vez desconoce que con el General no cambié palabra durante los tres últimos años de su conflictiva vida, ni que para quien es “duro de pluma” un par de días son insuficientes para honrar la memoria de tan ilustre desaparecido.

Ni tampoco es tan fácil, para quien ha vivido en el filo de la navaja, el dibujar el desarticulado perfil de un patriota que dio siempre la cara al sol, ya fuese al Este o al Oeste, aunque invariablemente con los pies en Panamá. Además, cuán vulnerable se torna quien, por limitaciones de tiempo y competencias, no puede pintar el sujeto, limitándose a producir algunas pinceladas que surgieran su ser real, aunque un tanto abstractamente.

Es inevitable que para unos, estas deshilvanadas líneas constituirán merecido panegírico al héroe caído; para otros, inmerecido elogio a un caudillo intrascendente y circunstancial.

Pero, si todo es tan delicado, difícil y perentorio, por qué aceptar el “mandao”!!! Quizás, porque me es difícil darle la espalda al hecho de que el hombre existió, un hombre con quien un día compartí sus sinceros afanes por mejorar las condiciones de vida de nuestros conciudadanos más necesitados, a quienes tan íntimamente conoció. Posteriormente, el ámbito de sus aspiraciones y preocupaciones, que llegaron a trascender las fronteras nacionales, impartieron un componente nuevo a su visión de las cosas, visión ésta que por no ser compartida, tornó innecesaria nuestra comunicación.

Un artículo recién publicado sobre otra personalidad, muy distinta a la de Omar, me ha hecho repasar los atributos esenciales que son causa y, a su vez, razón de ser del LÍDER. Uno de los más importantes y válidos diagnósticos que describen y retratan al verdadero LÍDER, se encuentra en la obra: “La Anatomía del Liderazgo” de Eugene Jennings.

Con el propósito de no caer en prejuicios o favoritismos, trataré de ajustas mis observaciones sobre la personalidad y trayectoria de Omar al pragmático sistema de evaluación de Jennings, con algunas impresiones e interpretaciones al margen, basadas en lo que oyese a Omar decir y de lo que sobre él leí posteriormente.

1.- EL LÍDER requiere tener un claro sentido de la escala de VALORES de su pueblo. La capacidad para auscultar y medir la naturaleza e intensidad de estos valores es prioritaria y más importante que los propios objetivos del LÍDER, ya que la apropiada ponderación de dichos valores agrupa a su pueblo en la satisfacción del objetivo del LÍDER, objetivo que se torna en el de la colectividad. Omar, congénitamente, y por las limitaciones de su educación y entorno, desarrolló una extraordinaria capacidad de adaptación a las circunstancias. Estos condicionantes de su infancia y adolescencia coadyuvaron a sensibilizar y hacerle comprender, ya casi intuitivamente, las ilusiones, las aspiraciones insatisfechas, las frustraciones de nuestro campesinado.

Esta sensibilidad la expresaba con espontaneidad, con sinceridad, casi con ingenuidad, y por ello el pueblo que se acercó a él, creyó en él. Así, pues, sus objetivos, producto de otras reflexiones, se lograron sin prepotencia castrense, de la que no necesitó Omar cuyos VALORES habían ya sobrepasado sus propios y no siempre bien definidos objetivos.

2.- EL LÍDER requiere tener un sentido de PRIORIDADES. Para logra el éxito en el seguimiento de un objetivo es preciso, es imperativo, el encasillarlo y no permitir la dispersión del esfuerzo, La tan censurada elección de Farallón, como centro neurálgico de las actividades de Omar, permitió a éste concentrar sus esfuerzos, orquestar el de sus colaboradores, en la singular marcha hacia el logro de su objetivo central. Los Tratos TORRIJOS-CARTER con todas sus distorsiones, no dejan de constituir buen ejemplo de este atributo de Omar: el de definir prioridades y dispararle a su objetivo con rifle y no con escopeta.

3.- Para el LÍDER es indispensable establecer, a priori, la diferencia entre el ejercicio de la autoridad y el PODER. Para que sus valores sean amablemente asimilados, sus objetivos satisfechos y sus PRIORIDADES aceptadas, el LÍDER no debe hacer alarde de su autoridad. Omar, de un intranquilo inicio, supo ascender los peldaños del PODER sin jactarse de su autoridad. Fue, con ello, ganándose a Tirios y Troyanos y sobre todo a aquellos compañeros de armas que coadyuvaron a consolidar su base de PODER. Estas innatas características, estos sentidos epidérmicos, bien podrían sintetizarse, en realidad, en lo que usualmente denominamos “sentido común”. Y es que no se requiere de una extraordinaria preparación académica, sino más bien de un lógico ordenamiento de las citadas características, para que éstas se complementen y conjuguen para producir el LÍDER. Estas características deben ser propias e intuitivas al individuo, por lo que es históricamente comprobable que contados han sido los verdaderos LÍDERES.

Todo lo dicho pretende explicar un fenómeno político diferente, que algunos quisieran comparar con el Dr. Arnulfo Arias, padre impensado e involuntario de la llamada Revolución de Octubre, ya que estos paranoicos once días de Octubre, nos legaron un gobierno de militares profesionales que no aspiraban al poder político directamente ejercido. Tenemos que aceptar, sin embargo, tanto opositores como amigos, que el Dr. Arias generó una multitudinaria fanaticada con su extraordinario carisma, casi cabalístico. Rosacruz, populista, pero diametralmente opuesto al de Omar, en esencia substancia y proyección. No pretendo, en esta ocasión adentrarme a analizar o evaluar la naturaleza de tales diferencias. He querido, sencillamente, limitarme a apuntarlas.

Creo que, anteriormente, me referí a “algunas impresiones e interpretaciones al margen, basadas en lo que oyese a Omar decir y de lo que sobre él leí posteriormente”.

En el caso que, el once de Octubre de 1968, mi hermano Carlos, acompañado de su esposa, Dora Boyd de Eleta, estaban sobre la pista del aeropuerto de Tocumen en vuelo que les llevaría a México para asistir a la celebración de los Juegos Olímpicos que en esa capital tendrían lugar. El avión fue detenido y dicha pareja desembarcada. Mi hermano fue trasladado al Cuartel Central, a donde yo ya había sido cordialmente “invitado”. Mi cuñada siguió, sin demoras, ni molestias, a su casa.

Recuento este hecho por varias razones. El “golpe de Estado” fue concebido y realizado por la Guardia Nacional, sin necesidad de participación de ninguna organización o partido político. Dicho “golpe” fue producto de un sentimiento de supervivencia, de autodefensa ante la amenaza que, a juicio de sus más altos mando, ponían en peligro la integridad y efectividad del Cuerpo. Una vez consolidado el “golpe”, un número plural de ciudadanos fuimos llamados con el propósito de reestructurar un Gobierno, ya que dicho “golpe” no fue planeado, ni materializado, con el propósito preconcebido de entronizar a la Guardia en el poder, ni de iniciar ningún proceso, ni para establecer ninguna linea, ni para imponer en Panamá ninguna ideología exótica a nuestro ser, a nuestra esencia, o a nuestra vivencia.

Como prueba irrefutable de lo aquí dicho, me siento en libertad de hacer público lo que es ya de público dominio y ésta es la solicitud que Omar Torrijos le hiciera a mi hermano, Carlos Eleta Almarán, en el sentido de que llamara a Raúl (Lul) Arango, entonces Vicepresidente de la República, para que tomase las riendas del Gobierno, pues la Guardia Nacional habría actuado en autodefensa, sin pretensiones trascendentes del ejercicio del poder.

Las circunstancias, hoy de difícil justipreciación, quisieron que Don Lul declinase dicha oferta, por lo que la Guardia Nacional asumió el poder político, el que, progresivamente dio lugar a la gestación y desarrollo de un nuevo proceso, el que vino a denominarse “Revolucionario”.

He querido destacar el hecho de que me consta que Omar Torrijos no fomentó, ni concibió, el “golpe” como escalera hacia el goce del PODER hegemónico y mucho menos en tornarse en profeta de ninguna obtusa teoría política. Omar no pretendió ser ideólogo, ni teórico y mucho menos dogmático. Todo lo contrario, su fuerza, su habilidad y su éxito, se debieron, primariamente a su innata habilidad para adaptarse a cambiantes circunstancias, a negar la estrechez e inelasticidad de toda ideología formal, y capitalizar la flexibilidad y amplio radio de acción que le permitió su realismo, su pragmatismo, producto de sus cromosomas y olfato camperos.

En otras palabras, Omar fue Omar, el LÍDER. Haber sido otra cosa, habría negado lo que fue.
Es de sobre sabido que nuestro pueblo obedece a tendencias idólatras y fetichistas. Consecuentemente, para lograr penetrar la impermeabilidad exhibida por nuestro pueblo a las ideologías y teorías exóticas a nuestra esencia nacional, nuestros “frustrados coléricos” se están dando, asiduamente, a la tarea de vestir al santo con “galán de paño grueso” * cuando el santo lo que pide es su montuno de manta sucia.

Aunque cuento con innumerables anécdotas que no me son dables hacer de dominio público y que, en lo político, reflejan el pensamiento pragmático y realistamente equidistante de Omar, valga, para terminar, citar aquella contenida en la “Última Entrevista” que Omar otorgase y que, afortunadamente correspondiese a un periodista de la estatura y credibilidad de Mario Vargas Llosa. Dice, así:

“Una de las historias que refirió y que retratan bien su pragmatismo concernía a uno de sus colaboradores durante su Gobierno. Era un marxista ortodoxo, pero inteligente y buen economista, y por eso lo llamó. Algún tiempo después, y hablando precisamente de los almacenes de Coclecito – que al principio fueron estatales – le confesó: “En este pueblo nada funciona como en la teoría, mi General” ¿Cambiamos el pueblo, entonces, muchacho? preguntó Torrijos. “No, mi General: cambiemos mejor la teoría”. “Vaya ya estás aprendiendo”.

Así le respondió Omar, el LÍDER, quien, para serlo, supo conjugar, armónicamente, “VALORES”, “PRIORIDADES” y “PODER”.


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• El Diccionario de la Real Academia Española define el vocable RUSO – en una de sus acepciones – como: ”Gabán de paño grueso”.


Omar Torrijos Herrera


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