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La lucha de Omar Torrijos por la recuperación de la Integridad Nacional

La lucha de Omar Torrijos por la recuperación de la Integridad Nacional

Sobre la concepción del General Torrijos en torno a un nuevo Tratado del Canal de Panamá y a las características muy particulares de nuestras relaciones con los Estados Unidos, se pueden escribir centenares o miles de páginas basadas en declaraciones o documentos públicos. Sin embargo, también hay la posibilidad- que es la que voy a tratar de utilizar- de resumir lo esencial de su pensamiento. Y esto es así porque sus ideas, opiniones y directrices sobre los dos temas eran muy concretas y específicas, basadas, fundamentalmente, en su conocimiento e intuición de la realidad de los problemas, de la realidad nacional, humana y material, para buscar las formas de lucha más adecuadas para lograr los objetivos panameños de reivindicación nacional frente a una superpotencia como los Estados Unidos.

Un hecho histórico innegable es que el General Torrijos inaugurara una nueva etapa de las política internacional panameña, transformando esa política tanto en su contenido, como en sus métodos, objetivos, proyecciones e inclusive en su estilo. La tarea que realizaron en la práctica los hombre y los instrumentos que estuvieron al servicio de esa nueva política internacional, fue bajo la inspiración directa, la guía y la orientación de Torrijos.

Dentro de su método de trabajo un aspecto básico fue el de la consulta amplia y variada antes de la toma de posiciones. Muy pocas veces tomaba algunas decisiones él solo: lo que valía más para él es que hubiera consenso como producto de las consultas, dentro de esa combinación de idealismo y realismo propia de él.

En verdad estamos viviendo un momento de graves responsabilidades; uno de los momentos más difíciles de la historia nacional, pero a la vez uno de los momentos de mayor significado en el afianzamiento de la conciencia nacional.

Sin entrar en los detalles de nuestra historia, vale la pena recordar y tener presente que Panamá, por sus condiciones muy particulares, por sus factores geográficos, económicos e históricos que han determinado nuestra conformación nacional, ha sido uno de los países de la América Latina y quizás uno de los países del mundo entero al cual le ha sido más difícil, al cual le ha sido más dura la batalla para poder configurar una personalidad propia como Nación independiente, como Nación soberana.

Precisamente por estos determinantes geográficos, históricos y económicos, el Istmo de Panamá ha sido pasto, durante toda su historia, de todos los viejos imperialismo, de todas las viejas formas de colonialismo porque los grandes imperios, las grandes potencias colonialistas, a través de la historia han visto en nuestro Istmo una llave para la defensa, la protección, de eso que llaman los intereses vitales de esas grandes potencias. Sin embargo, a pesar de que ha sido nuestro Istmo pasto de esos intereses de los grandes países desde la época colonial, Panamá, sus habitantes, han realizado, han llevado a cabo una lucha a ratos trágica, pero en muchos momentos heroicos para poder afianzar el derecho a ser un país; esa lucha se intensificó durante todo el siglo XIX. Nosotros, los panameños, decidimos por nuestra voluntad independizarnos de España, y también decidimos por nuestra propia voluntad unirnos a Colombia. No fue que Colombia se anexó a Panamá, ni que los panameños decidieron anexarse a Colombia, sencillamente nos unimos y esa unión tenía que ser temporal.

El 3 de noviembre de 1903 los panameños, por su propia voluntad, dicidieron volver al estado original de 1821; es decir, afianzar la declaración de independencia. Y por eso nos separamos de Colombia. Es verdad que en ese momento confluían en la escena internacional dos intereses en cierto sentido coordinados, dos intereses en cierto sentido que tenían que confluír hacia un encuentro. Por un lado, el interés legítimo de Panamá en que se abriera un Canal Interoceánico por nuestro territorio.

Los panameños de esa época, dadas las condiciones tan limitadas del desarrollo económico del país, veían en el Canal, en la construcción de esa vía interoceánica, la panacea para la solución de todos nuestros problemas de tipo económico y social.

Por otro lado, en ese momento, ya los Estados Unidos estaban en el clímax, en la cúspide de su franco desarrollo como gran potencia. Y tenían necesidad de la apertura de la vía interoceánica para los fines del mantenimiento y el fortalecimiento de su poderío estratégico militar y también tenían la necesidad de la vía interoceánica para la expansión de su comercio internacional, de su desarrollo económico. Así que los dos intereses confluían; pero Panamá nunca pensó que su interés legítimo en que se abriera el Canal para beneficio del desarrollo económico y social de nuestro país, iba a ser la excusa, iba a ser la causa o el motivo para que una gran potencia, en este caso los Estados Unidos, se incrustara en el país, afianzara su poderío, su dominio económico, político y militar sobre nuestro territorio y frustrara totalmente la declaración, el afianzamiento de la independencia de Panamá a través de la separación de Colombia.

Precisamente el artículo 1° del famoso Tratado de 1903, establecía que los Estados Unidos de América garantizaban y mantenían la independencia del Istmo de Panamá. Indudablemente que es un poco denigrante esto de que la independencia de un país tenga que ser garantizada y mantenida por una gran potencia; pero esos eran los signos de los tiempos. De todas maneras ya ese compromiso implicaba todo un programa; si Los Estados Unidos al comprometerse a mantener y garantizar la independencia de Panamá, de la naciente República, por ese mismo hecho se comprometían también, indudablemente, desde un punto de vista jurídico, político y moral a no establecer una colonia o una semi-colonia en el centro del Istmo de Panamá que negaba precisamente lo que decía ese artículo primero en cuanto a la garantía de la independencia.

Ahora bien, los Estados Unidos, haciendo uso de todo su poderío, económico y militar, imponen a Panamá el Tratado de 1903; Tratado que en su contenido, en sus mismas cláusulas, era un tratado injusto, denigrante contra la dignidad nacional.

Panamá, en ese momento, no tenía en verdad, históricamente, eso es así, otro remedio que aceptar en el preciso momento los hechos consumados. Lo principal en los albores de nuestra condición de Nación independiente y soberana, era poder afianzar esa independencia y seguir el curso del proceso independentista.

Sin embargo, desde el mismo momento en que se conocen las cláusulas del Tratado de 1903, comienza la lucha del pueblo panameño para cambiar esos términos tan desfavorables para nuestro proceso de desarrollo. Así que esta lucha que hoy ha adquirido nuevas dimensiones, no es nada nuevo en nuestra historia. Esta lucha por nuestras reivindicaciones no la ha inventado el actual Gobierno Revolucionario; este es todo un largo proceso de 70 años, hay que reconocer que los primeros dirigentes de nuestro gobierno, de nuestra nacionalidad, comenzaron esa lucha; ya no vale la pena que nosotros, por lo menos en un nivel político, perdiéramos el tiempo en tratar de denigrar la memoria de nuestros próceres, de nuestros primeros dirigentes; ellos, dentro de las condiciones que les permitía la situación imperante, al comienzo del siglo, hicieron su lucha; la realización con las armas de que disponían, con las armas de la justicia, de la razón de los planteamientos permanentes de las aspiraciones panameñas.

Los Estados Unidos desde ese mismo momento en que se comenza- ron a dejar escuchar, a dejar oír las protestas panameñas, también comenzaron a dejar entrever cuál sería la actitud permanente de los gobiernos norteamericanos hacia las quejas y reclamaciones de la República de Panamá. Esa actitud de los Estados Unidos sería una posición de oídos sordos, una posición de desprecio, una posición de rechazo a los legítimos intereses planteados por la República de Panamá. Y lo que es más grave, además de las cláusulas del contenido ya injusto y oneroso del mismo Tratado de 1903, los Estados Unidos con base en su enorme poderío, con base en la desproporción de la fuerza entre Panamá y los Estados Unidos, comenzaron a interpretar ese Tratado y comenzaron a aplicarlo a su antojo y de acuerdo con sus exclusivos intereses. Y de allí, no del mismo contenido del

Tratado sino como resultado de la aplicación, de la interpretación unilateral por parte de los Estados Unidos del Tratado, es como se fue conformando la estructura de este territorio conocido como Zona del Canal de Panamá que se fue convirtiendo, con el correr del tiempo, en un enclave de tipo colonial. En los primeros años después de la firma del Tratado de 1903, todavía en ese territorio de la Zona del Canal se izaba la bandera panameña, existían poblados panameños como Chagres, Nuevo Gorgona, etc., que tenían autoridades locales en esos pueblos; es decir, todavía había la presencia panameña en ese


territorio de la Zona del Canal. Pero el Gobierno norteamericano en un proceso gradual y lento fue primero expulsando a la población nativa panameña que había quedado residiendo en la Zona. Y posteriormente fue eliminado todo vestigio de tipo político o económico que indicara un aspecto de soberanía panameña en esa porción de nuestra tierra. Y le fue dejando a Panamá lo que ha dado en llamar la mera soberanía titular, o sea desde el punto de vista práctico, absolutamente nada.

Así, pues, fue como se conformó esto que se llamó Zona del Canal. Continuó la lucha de los panameños en una forma bastante trágica, bastante cruel; comenzaron los intentos de nuestros dirigentes para cambiar esa situación, lucha que se ha desarrollado durante todo el espacio de nuestra vida republicana. Esa lucha, como ustedes saben, ha dado lugar a que por cierto acto que los Estados Unidos consideran de extrema benevolencia, o de extrema generosidad hacia nuestra pequeña República, se hayan introducido dos revisiones al Tratado de 1903. La primera revisión en 1936, la segunda revisión en 1955.

Es indudable y es cierto que a través de esas dos revisiones la República de Panamá pudo obtener algunas reinvindicaciones de gran importancia. Algunas reinvindicaciones de tipo político, en el 36, cuando cesó la facultad que tenían los Estados Unidos para intervenir en los asuntos internos de la República de Panamá; y también cuando se restringió, por medio de ese Tratado de 1936, la facultad de los Estados Unidos para poder utilizar dentro de la República de Panamá cualquier cantidad de tierras o aguas que los Estados Unidos unilateralmente consideraran necesarias para los fines del funcionamiento del Canal.

En la revisión del 55 se lograron algunas mejoras de cierta importancia de carácter estrictamente comercial y económico; es indudable que para los trabajadores panameños en la Zona del Canal, el Tratado del 55 representó cierta mejoría en su situación anterior de discriminación de bajo salario comparado con los salarios que devengan los empleados norteamericanos en la Zona del Canal; y también para ciertos grupos nacionales, especialmente los grupos comerciales e industriales, significó la posibilidad de tener un nuevo mercado para la venta de sus productos, el mercado de la Zona del Canal.

Pero, como dije antes, lo del 36 y lo del 55 fueron simples revisiones al Tratado de 1903. El Tratado de 1903, a pesar de esas revisiones, permaneció casi intacto en sus cláusulas lesivas a la dignidad nacional: La cláusula de la perpetuidad, el concepto del Panamá cede, del Panamá concede, del Panamá otorga. Todavía con base en ese Tratado, los Estados Unidos se podían permitir el lujo de aplicarlos e interpretarlos unilateralmente en el momento que lo deseaban de acuerdo con sus exclusivos intereses sin tener en cuenta, ni tener presente los intereses de la República de Panamá.

Los panameños durante todo este proceso, repito, los dirigentes anteriores también, hicieron un gran esfuerzo para lograr el cambio de status, porque el objetivo permanente de nuestra nacionalidad ha sido el de eliminar ese enclave colonial que se llamó Zona del Canal; ese ha sido el objetivo fundamental. El objetivo ha sido perfeccionar nuestra independencia, el objetivo ha sido recuperar nuestra jurisdicción efectiva sobre la Zona del Canal. Esos objetivos en verdad, han sido permanentemente planteados por todos los equipos de negociadores panameños que estuvieron en los procesos anteriores de negociaciones con los Estados Unidos. Se han planteado desde 1921, 1926, 1936, 1940, 1941,1955, 1959, etc. ¿Pero qué es lo que había ocurrido? Como dije anteriormente, hay que tener en cuenta que Panamá es un país débil, materialmente casi impotente, que se enfrenta en estas negociaciones contra la primera potencia mundial. Y en las negociaciones anteriores, el sistema, la costumbre implantada por los Estados Unidos era la siguiente: los negociadores panameños se presentaban con muy buena fe, llenos de mucha generosidad, llenos de un espíritu de gran comprensión hacia la posición de los Estados Unidos. Los negociadores panameños llegaban con sus instrucciones precisas, con una lista de temas que abarcaban todas las aspiraciones fundamentales de nuestro país.

Cuando entregaban esta lista a los negociadores norteamericanos, la práctica adoptada por los Estados Unidos era comenzar a tachar, tachar, y a tachar y a tachar los temas que ni siquiera se podían plantear en la Mesa de Negociaciones; temas que ellos no estaban dispuestos a dejar que los panameños los plantearan aunque fuera en términos generales. Y en la lista de 25 o de 30 temas, en la primera reunión, de la primera tachada, esos 25 ó 30 temas quedaban reducidos a dos o tres, que eran los que menos
podían afectar los intereses norteamericanos. Esa era la técnica de negociación de los Estados Unidos; esa era la costumbre establecida. Y eso sobre la base y sobre la existencia fundamental que los Estados Unidos le planteaban a los negociadores panameños: las negociaciones tenían que ser absolutas y totalmente secretas, que tenían que ser privadas, que nadie, absolutamente nadie, debía enterarse de lo que pasaba en las negociaciones hasta que estas terminaran y entonces, ya el proyecto o borrador del Tratado, perfectamente elaborado y terminado, fuera presentado, como un hecho consumado, al pueblo panameño. Esa fue la tradición en el 26 primero, en el 36, en el 55 y en todas las negociaciones con los Estados Unidos.

Así que dentro de todo ese proceso llegamos nosotros a los hechos trágicos del 9 de enero del 64, en que una gran mayoría de la juventud del pueblo panameño, demostró que estaba dispuesta a los grandes sacrificios para recuperar nuestra dignidad perdida, para perfeccionar nuestra independencia.

Con motivo de los sucesos del 9 de enero del 64, con motivo de la acusación que Panamá planteara contra los Estados Unidos por agresión contra el territorio nacional, contra la población panameña, los Estados Unidos se deciden a iniciar negociaciones con el objetivo acordado por los dos países bajo el patrocinio de la Organización de Estados Americanos; con el objetivo, repito, de terminar de una vez por todas con las causas de conflicto entre los dos países y de poder celebrar nuevo Tratado que no implicara una simple revisión del Tratado de 1903, sino que fuera efectivamente eso: un nuevo Tratado.

Así que, ya el objetivo de la lucha panameña, creemos nosotros, que después de 1964, va adquiriendo perfiles mucho más claros, contornos mucho más definidos. Ya ahora no se trata de la etapa simplemente revisionista que habíamos vivido antes de 1964.

Ahora el objetivo es lograr que ese Tratado de 1903, fuera borrado del mapa, que ese Tratado no exista más, que ese Tratado se abrogue, se elimine y se esfume en la bruma de los tiempos. Que se termine el famoso concepto de perpetuidad; los panameños ya no pueden vivir más con la perpetuidad al hombro y que ese Tratado absolutamente nuevo que debía celebrarse entre los dos países, tenga una fecha precisa, una fecha clara de terminación; que el pueblo panameño sepa que en un momento determinado cesa ya el compromiso de dependencia frente a los Estados Unidos, por motivo de la existencia del Canal Interoceánico en nuestro territorio.

Con esos objetivos que se plasmaron en el 64 se inician las negociaciones que en su primera etapa desembocan en los tres proyectos de Tratado de 1967. Estos tres proyectos de Tratados, como ustedes saben bien, no llegaron a ratificarse por suerte para nuestro país, antes del advenimiento al poder del actual Gobierno revolucionario. Cuando este gobierno asume la responsabilidad histórica de dirigir los destinos nacionales, pero con fines de verdadera transformación nacional, se imponía también al mismo tiempo que se realizaba el proceso de la transformación interna de nuestro país, se imponía la obligación de plasmar una nueva política exterior, de contenido también revolucionario en coordinación con la política revolucionaria interna y que esa política exterior no estuviera en contradicción con los legítimos intereses de nuestro país y con los objetivos revolucionarios de nuestro Gobierno. Y en esto quiero hacer una acotación marginal: La política exterior de un país, la política internacional, no es ninguna ciencia abstracta, no es ninguna ciencia muy especial que esté al margen del conocimiento de la población, de las grandes mayorías nacionales. La política exterior, la política internacional de un país, es una cosa muy sencilla, una cosa muy simple, es tan clara como el agua.

La política exterior depende, fundamentalmente, de la política interna que siga un país, y si este Gobierno se ha trazado una vía revolucionaria para solucionar los problemas nacionales de orden interno, la política exterior también tenía que trazarse una nueva vía, una vía revolucionaria, simple y sencilla, que consiste en que las aspiraciones nacionales de los legítimos intereses del país sean plasmados a nivel internacional de manera permanente y de manera constante, de manera digna, de forma que nuestro país cambie la fisonomía que tenía anteriormente, cuando era considerado un Banana Country; el país de las bananas dentro del cual nos englobaban a todos los países del área de Centroamérica y del Caribe.
Así que cuando este Gobierno llega al poder en 1968, se encuentra sobre la mesa con los tres Proyectos de Tratado que se habían elaborado en el 67. Frente a esa situación el Gobierno revolucionario tenía algunas opciones, tenía alguna vía para escoger la decisión que más convenía a los intereses del país, para escoger la decisión que más a tono estaba con las aspiraciones de nuestro pueblo. Allí se podían hacer tres cosas: Una, haber aceptado esos tres Proyectos del 67 tal como estaban y someterlos a la aprobación o a la ratificación del país.

Dos, haberse contentado, haberse conformado con solicitar a los Estados Unidos algunas leves reformas a esos proyectos ya elaborados en el 67.

Y el tercer camino, la tercera opción que tenía el Gobierno revolucionario era hacer un estudio a fondo, un estudio completo de los tres Proyectos de Tratado del 67, pero involucrados dentro de todo el panorama de una nueva política internacional del país y determinar, después de hecho ese estudio, si en verdad esos Tratados eran convenientes o inconvenientes para nuestros intereses. Así es que el Gobierno nacional escogió la tercera alternativa, la tercera opción y después de un estudio a fondo de estos Proyectos se llegó a la conclusión de que tales Proyectos eran totalmente inconvenientes para los intereses panameños porque no resolvían de ninguna manera las causas de conflicto entre los dos países.

Tomada esa decisión, se comunicó oficialmente al Gobierno de Estados Unidos que el Gobierno Revolucionario, tomando en cuenta las verdaderas aspiraciones del pueblo, las verdaderas aspiraciones del país, rechazaba esos tres Proyectos de Tratado. Así que, ahí comenzó una nueva etapa de la historia nacional que, indudablemente, no es ahora el momento para evaluar en toda su dimensión. Le corresponderá a las generaciones futuras evaluar esta decisión en toda su importancia y en toda su dimensión. Pero en ese momento, consideramos nosotros, fue cuando el país, fue cuando el Gobierno, apoyado por las grandes mayorías nacionales, se decidió, de verdad, a seguir la lucha a fondo, y no ya superficial, por la recuperación de nuestra dignidad y por el perfeccionamiento de nuestra independencia.

Este proceso indudablemente no fue fácil. Panamá estaba frente a una situación muy dura y hay que ser, en este sentido, realista; pero cuando yo hablo de realismo aquí no estoy tratando de implicar con ello que el realismo debe llevarnos a nosotros a olvidarnos de los objetivos de la lucha, aunque esos objetivos puedan parecer como un poco idealistas, un poco abstractos, un poco alejados de la realidad. Es verdad, y lo reconocemos, que la primera necesidad que tienen los pueblos es la necesidad material, es la necesidad de alimento, de vestido, de escuela, de caminos; pero pensamos también que los pueblos necesitan para vivir elementos espirituales como lo son la dignidad nacional, como es el efectivo ejercicio de soberanía sobre todo su territorio. Y digo esto por la sencilla razón de que debemos tener muy en cuenta una realidad, una realidad que está incrustada en nuestros pechos, una realidad con la cual vivimos a diario. Y es que Panamá se enfrentó en una lucha contra la potencia más grande, contra los Estados Unidos.

Es una lucha que se ha venido desarrollando durante 70 años y todavía no tenía visos de terminar; es una lucha que podía continuar por un tiempo más corto, a mediano plazo, o más largo, pero tenía que continuar por cierto tiempo. Y en esta lucha hay una serie de factores que indudablemente inciden sobre el desarrollo de la misma. El factor más importante y que debemos reconocer es nuestra independencia frente a los Estados Unidos. Este es un país que depende económicamente de los Estados Unidos, nuestra estructura económica lo ha determinado así; no ha habido la posibilidad de zafarnos rápidamente de esa dependencia. Y una vez que esa estructura económica esté establecida, es muy difícil que el proceso de la independencia económica se pueda lograr a muy corto plazo. Así que, digo , dentro del objetivo de la lucha, frente a los Estados Unidos hay que tener en cuenta esa realidad.

Por un lado somos un país dependiente, en forma casi total y absoluta; y por otro, estábamos enfrascados en una tremenda lucha frente a esa potencia de la cual todavía a estas alturas dependemos desde el punto de vista económico. Eso hacía más difícil la lucha, porque por un lado el Gobierno Nacional, recogiendo las aspiraciones del pueblo, se había trazado su objetivo de lograr la recuperación de nuestra soberanía, la recuperación de nuestra jurisdicción sobre lo que se llama la Zona del Canal, el objetivo de que desaparezca este enclave de tipo colonialista; pero, por otro mientras se prosigue esa lucha, mientras se afianza esa lucha, nosotros tenemos una serie de enclaves internamente que también determinan un tipo especial y una condición y una calidad de esa lucha; tenemos no solo enclave de la Zona del Canal, tenemos varios enclaves; de tipo político, de tipo económico, inclusive de tipo cultural, que están conformando la mentalidad del panameño, que están influyendo en forma abierta o velada sobre el desarrollo, la fortaleza o la debilidad de nuestras posiciones. Así que en eso hay que ser muy claro, hay que ser muy preciso.

El General Torrijos no se equivocó en los objetivos de la lucha; en que efectivamente, estamos todos de acuerdo, queremos ser un país de verdad; estamos de acuerdo en que los panameños no quieren ser un país a medias, no quieren ser una semicolonia, no quieren ser un país mediatizado. Así que esa voluntad nacional, esa voluntad de afianzar nuestra independencia, esa voluntad de ser lo que efectivamente queremos ser, es lo que tenía que darle la dimensión a las condiciones y a las características de nuestra lucha. Y dentro de ese proceso, teniendo en cuenta las condiciones y las características de los procesos de negociaciones anteriores, el Gobierno revolucionario había llegado a la conclusión de que nosotros no podíamos seguir aceptando los términos de las negociaciones bilaterales, tal como los Estados Unidos los habían venido imponiendo.

Repito lo que dije anteriormente: las dos condiciones fundamentales que los Estados Unidos siempre imponían a Panamá en las nego- ciaciones eran: el absoluto y total secreto, la más completa reserva frente al pueblo panameño, y en especial frente a los otros países de la América Latina, del mundo entero; y por otro lado también, que en las negociaciones se consideran única y exclusivamente los intereses vitales de los Estados Unidos, tal como ellos lo contemplan de manera unilateral y arbitraria.

Así que el General Torrijos consideró que no se podía seguir aceptando esa imposición. Por esa razón se ha cambiado radical y totalmente el método de negociación con los Estados Unidos. Se ha cambiado total y radicalmente la táctica y estrategia de negociaciones. Por esa razón, y para terminar con el secreto, con la imposición de la reserva, es que este Gobierno se ha venido caracterizando por informar con regularidad, por informar al país, por formar al pueblo sobre el estado y el curso de las negociaciones.

Definitivamente el Gobierno nacional terminó con la tradición de negociar de espaldas al pueblo.

Por otro lado, también hemos rechazado la demanda y las pretensiones de los Estados Unidos de que sólo se consideren los temas que le interesan a los Estados Unidos. Ahora el Gobierno ha planteado de una manera muy firme en la Mesa de Negociaciones que el objetivo fundamental es considerar los temas básicos y vitales para los destinos de la República de Panamá. En esa línea de acción el Gobierno nacional también llegó a la conclusión de que la lucha con los Estados Unidos por nuestra dignidad, por la recuperación de la soberanía, de la jurisdicción, en el plano estrictamente bilateral, es una lucha demasiado desigual, es una lucha de un monstruo imperial como es los Estados Unidos contra un país pequeño, generoso, con recursos demasiado limitados, como es la República de Panamá.

Y de allí que pensamos y nos trazamos como objetivo que la lucha panameña tenía que ser llevada a todos los planos internacionales, que la lucha panameña, al mismo tiempo que se mantenía en la Mesa de Negociación, tenía que ser llevada colateral y fundamentalmente a conocimiento de nuestro pueblo y a conocimiento de la conciencia mundial, a través de los organismos de las Naciones Unidas, orga- nismos que han demostrado una gran capacidad en el proceso de descolonización de los pueblos sometidos en el mundo entero.

Allí están los ejemplos de Africa, están los ejemplos de Asia, de la acción bienhechora que las Naciones Unidas aunque a largo plazo, no a un plazo muy corto, ha ejercido para lograr la liberación y la descolonización de una gran cantidad de pueblos, una gran cantidad de estados que hoy son países independientes y soberanos.

Así que Panamá decidió echar mano también de este recurso. Después de una gestión diplomática en que participaron muchos panameños destacados, nuestra República, y gracias a la posición que había estado asumiendo el Gobierno revolucionario, pudo aspirar y fue elegida para ocupar un cargo en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas a partir del año 1973. El Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas es el máximo organismo de tipo político que forma parte del grupo de organizaciones dentro de las Naciones Unidas. Este Consejo de Seguridad está formado por 15 países, entre ellos las 5 grandes potencias, y el resto de los 10 países , miembros no permanentes, que representan a todas las regiones en que se encuentra dividido el mundo entero.

La América Latina, dentro de esos 10 miembros no permanentes, tiene derecho a dos puestos de representación en este Consejo, que se van cambiando en forma alternativa cada dos años. O sea que cada país de los no permanentes tiene derecho a la representación única y exclusivamente durante un período continuo de dos años. Al terminar los dos años, cesa en su representación y entra a ocupar el puesto otro país representativo de la región. Por lo general, a los países pequeños les cuesta mucho trabajo, muchas dificultades ocupar un puesto en el Consejo de Seguridad. Después de la representación de dos años hay que esperar aproximadamente de 12 a 15 años para volver, pretender o aspirar a ocupar un cargo.

Así que en vista de la coyuntura que se le presentaba a Panamá de haber tenido la oportunidad de ser elegida el año pasado, del 72, como uno de los dos representantes de la América Latina en el Consejo de Seguridad, pensamos que era el momento oportuno para que esa representación panameña en este organismo tan importante y tan fundamental para los problemas de la paz y de la seguridad en el mundo entero, se tradujera repito, esa presencia panameña, en algo efectivo y concreto en la lucha por nuestras reinvindicaciones nacionales. Por esa razón, señores, programamos la celebración de la reunión del Consejo de Seguridad en nuestro país. Esta no fue indudablemente una tarea muy sencilla ni muy fácil; fue una tarea que requirió un trabajo muy arduo durante más de un año, antes de lograr la aceptación del Consejo para celebrar su reunión en Panamá. Y por otra parte, y quiero decirlo en la forma más cándida posible, más abierta, era indudable que la decisión panameña de convocar esta reunión en nuestro país, tenía que enfrentarse al rechazo y a la oposición de los Estados Unidos de América.

Desde el momento en que Panamá hizo pública su decisión, el Gobierno norteamericano nos manifestó en forma directa y abierta que se oponía rotundamente a que Panamá siguiera adelante con sus planes de convocar una reunión. A pesar de esa o posición del Gobierno de los Estados Unidos, a pesar de las presiones directas e indirectas que se ejercieron contra nuestro Gobierno, contra nuestro país, el General Torrijos, al final de cuentas, tomó la decisión viril, en representación de su pueblo y en consonancia con su liderazgo, de que la reunión del Consejo de Seguridad fuera adelante porque convenía a los intereses nacionales.

Después, ya aprobada la reunión por los miembros del Consejo de Seguridad, continuaron las presiones por parte del Gobierno norteamericano para que la reunión del Consejo fuera un rotundo fracaso; para que, fuera de los 15 Miembros del Consejo de Seguridad que tenían que asistir a la reunión, no asistiera ningún observador, no asistiera ningún Ministro de Relaciones Exteriores de ningún país de América Latina, no asistieran observadores de países de otros continentes, ni de organizaciones de tipo popular, de tipo cultural o científico, de esos países. Esas presiones fueron muy duras, fueron muy fuertes, pero a pesar de esas presiones, a pesar de todas las gestiones que se hicieron, aquí nosotros contamos con la presencia además de los 15 Miembros del Consejo de Seguridad, de 10 Ministros de las Relaciones Exteriores de la América Latina, que recibieron fuertes presiones para que no vinieran; contamos con la presencia de representantes especiales también, de los otros países de América Latina que no pudieron enviar sus propios Ministros por distintas razones. Contamos con la presencia de una gran cantidad de observadores, de representantes especiales de países de Africa, países de Asia, países de Europa y también de organizaciones internacionales de tipo político, de tipo cultural, intelectual y popular.

En total, además de los 15 países Miembros del Consejo de Seguridad, aquí tuvimos, durante los 15 días de las sesiones del Consejo, la representación de más de 45 países y de más de 20 organizaciones de todo tipo a nivel mundial. O sea, que desde el punto de vista del respaldo político y moral a la causa panameña, nosotros logramos precisamente lo que el Gobierno de los Estados Unidos quería impedir. Y era que el problema panameño, que el fondo de la lucha panameña se pudiera conocer a cabalidad para que los pueblos hermanos del mundo, puedan ayudarnos, puedan darnos ahora todo ese calor, para continuar esa lucha con más entusiasmo.

Y ya ustedes saben el resultado de la reunión de los 15 países Miembros del Consejo de Seguridad; la República de Panamá recibió el apoyo total e irrestricto de 12 países que incluyen todas las áreas del mundo, pero fue un apoyo a fondo, de verdad legítimo, un apoyo que nosotros tenemos que agradecer eternamente. De los otros dos países, Gran Bretaña se abstuvo, y los Estados Unidos votaron en contra, utilizando el privilegio que les da la Carta de las Naciones Unidas a las 5 grandes potencias de utilizar lo que se llama el veto o sea, que cuando una de las 5 grandes potencias vota en contra de una Resolución ésta es rechazada, a pesar de que cuenta con la mayoría de los votos de los 15 Miembros del Consejo.

Así que los Estados Unidos hicieron uso de ese recurso que les concede la Carta de las Naciones Unidas, y vetó el proyecto de Resolución presentado por Panamá, apoyado de manera muy efusiva y decidida por el Perú y países como Yugoslavia, Guinea, Indonesia, India, Sudán, Kenia, etc.

¿Pero qué fue lo que vetaron los Estados Unidos? Los Estados Unidos al ejercer el veto quedaron al desnudo ante la opinión mundial, porque la Resolución presentada por Panamá y apoyada por estos países, era muy simple y muy sencilla en el fondo, no era nada complicada; lo único que pedía esta Resolución era que los Estados Unidos se comprometieran, a nivel de este alto Organismo mundial, a respetar la soberanía panameña sobre todo su territorio, a respetar su integridad nacional.

Y al vetar los Estados Unidos esta Resolución, le estaban diciendo al mundo entero que no estaban dispuestos a respetar esos principios que son básicos y son caros no solo para Panamá, sino para todos los países que estaban aquí presentes, para todos los países que nos apoyaron, y que nos van a seguir apoyando. Así que nosotros creemos que con esta decisión, inclusive, los Estados Unidos nos hizo un gran favor. 

––––––––––––
* Tomado de la Revista Cultural Lotería, Vol. I - 1981.


Omar Torrijos Herrera


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