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TORRIJOS:

TIEMPO Y LEGADO

Por: Manuel Orestes Nieto

Omar Torrijos H.

 

Han transcurrido 34 años desde aquel ingrato 31 de julio de 1981.  Los Tratados del Canal se habían firmado cuatro años antes, su vigencia efectiva no alcanzaba los dos años, era el año trece desde su ascenso al poder; el tercero de su repliegue después de seis años como Jefe de Gobierno, en la cúspide de un liderazgo con perfiles mundiales y en la plenitud de una vida de 52 años que daba saltos exponenciales en sus concepciones sobre el ejercicio de la política y su práctica en favor de las mayorías desposeídas y conjurar las causas reales de la miseria en Panamá.

34 años es un período de tiempo estimable en términos de generaciones.  Los que nacieron en ese año de 1981 y cinco años antes, los que aún no tenían capacidad de comprender que ocurrió con esa muerte, digamos los que tenían siete, ocho, diez años, es decir, toda nuestra población que hoy oscila alrededor de los cuarenta años no poseen una vivencia directa de Torrijos ni una asimilación de sus ideas. 

Casi todos no le vieron jamás, no le escucharon. Hoy son la multitud y son las generaciones adultas sobre las que reposan las grandes decisiones de nuestro porvenir, en una nueva época  y una vez cumplidos los Tratados Torrijos-Carter, hace ya quince años.

Nos corresponde una tarea que debemos cristalizar con la consecuencia y responsabilidad debidas: el transmitir a cabalidad lo que Torrijos significa y el legado vigente de su obra y sus espléndidas batallas por nuestra independencia. 

Su ideario, su estilo de gobernar, su encarnación en el corazón del pueblo panameño, su estatura y capacidad de mirar por encima de los acontecimientos, visualizar en el horizonte, son parámetros necesarios que hay que entregarle a nuestra juventud, como referencias invalorables, como prismas para discernir este presente y los días del porvenir.

Entre otras cosas, porque Torrijos precisó que sus luchas patrióticas eran el eslabón de una cadena y que hacia adelante, otros continuarían con mayor capacidad la conquista plena de la soberanía social. 

Una lucha de generaciones para acceder al aire libre de un país privilegiado y que , sin embargo, estuvo sometido a la dura y prolongada condición de ser una colonia, un territorio de ocupaciones sucesivas, un servidor del mundo no reciprocado aún en todo cuanto ha dado a la humanidad.

Esa juventud que tiene que asumir su futuro y no puede hacerlo sin una concepción del país que aspira a vivir.  Ecualizar nuestra historia, desentrañar sus meandros, admitir sus descalabros, nuestros errores, honrar a nuestros mejores hombres, desechar las rutas perdidas de las sombras en que también vivimos.

Ese espacio de conciencia y de contraste tiene que ser nuestro alfabeto ciudadano, nuestra riqueza colectiva. 

Nada puede ser menos que lo que Torrijos alcanzó para nuestro país.

Precisemos que aquellos que en su día - lo que debieron entender el dictado de la sangre derramada en enero 1964, y que realizaron a solo cuatro años de esa clarinada el circo electoral más degradado y sin otra obsesión que la rapiña del poder- llevaron al país a una hecatombe.  La propia red de sus apetencias les atrapó en un callejón sin salida, dando por resultado que el país estaba por un lado y sus gobernantes y políticos por otro. 

Esa fue la miasma que trancó a Panamá en 1968 y que hicieron con sus propias manos y mentes, degradando las ideas, parcelando el estado en fincas particulares, siendo persistentes señores feudales e insensibles avasalladores del pueblo.  No sólo fue compra de votos, conciencias, sino envilecer, tratar como reses y poner en fila a empleados y peones; y después contar a su manera y a escondidas oficializar resultados, con todas las instituciones cómplices y dar órdenes para reprimir si alguien o algo se salía del redil.  Una fantochería que seguían llamando la democracia, cuando lo plutocrático estaba en su apogeo pero rumbo a no ser sostenible, incluyendo contradicciones insalvables entre ellos mismos, entre la glotonería y la usura.

Hechos de los que es preferible no tener registro, que no es conveniente transmitir, que es preferible ocultar por el horror del espectáculo que fue, el engaño perenne, la hegemonía de los poderes económicos desdoblados en partidos de casino y ruleta, con dados marcados, y burlones en el afán de estar por encima de una sociedad indefensa y depauperada. 

Ese mundo terminó agotando todos sus recursos, desgastó todos sus discursos y se empantanó en una crisis insuperable, donde todo vestigio de institucionalidad, coherencia y rumbo se extraviaron. 

Aún hoy están presentes -con nuevas formaciones corporativas y alianzas de poderes económicos, coincidencias rentistas y cajas registradoras más grandes- como ni nada hubiese ocurrido- seguros de que este país se caracteriza por su desmemoria y creando espejismos para hacer lo que han hecho siempre: usufructuar por encima de la colectividad, del campesino, del pobre, del que está hambreado, el anémico y del que tiene que agacharse. 

La nave del país quedó literalmente a la deriva, zozobrando en un océano de inmundicias y sin escala racional.  No fueron "doctrinas exóticas" -como se decía en aquellos tiempos- o insubordinaciones las que enmarañaron al país al punto que nadie gobernaba ni podía seguirse gobernando.

Valdría preguntar lo que opina un campesino de nuestro país, los miles de profesionales que se educaron en esos años, de todo esto. 

Valdría preguntarle al pueblo de Panamá: ¿Fue Torrijos realmente el tirano que nos pintan? ¿Qué fundamentos había para acosarlo y vejarlo aún después de muerto? ¿Los que lo sacaron de la vista pública y borraron su nombre de plazas, calles y edificios tenían razón para calificarlo como el déspota o el supremo mandamás?  ¿De verdad fue Torrijos una desgracia para Panamá como dicen? Creo que las respuestas dejarían pétreos a sus falsarios.

No creo que volverá a repetirse la imagen en andas de un ejército invasor buscando entre la noche al más alto y ecuánime de los patriotas, un hombre desaparecido y, sin embargo, un gigante como una fundación de acero.

Lo hicieron al amparo de la invasión, saludando ese charco de sangre, el destrozo de conciudadanos, de gente inocente, afirmando que esa mortandad era un precio por liberar al país, que no fue un crimen, no sólo no fue un acto de fuerza e intervención injustificable que no se puede lavar con jabón -como decía José de Jesús Martínez- sino una bendición para la patria.

Recordemos que la cenizas del general Omar Torrijos fueron robadas durante la invasión a Panamá y luego recuperadas por los propios torrijistas.

Torrijos no fue una casualidad histórica, fue precisamente una respuesta a un estado de cosas que aún se quieren dejar en un olvido con mucha tierra encima y se escamotean hechos y desaparecen de la memoria colectiva.

Torrijos surgió ante el foso cavado por la expoliación y el desamparo, el terror social, la falta de escuelas, de acueductos, de programas de desarrollo social, lanzamientos de las vivienda y los cuartos, de la marginalidad y la injusta distribución del ingreso nacional.

Gústeles o no, Torrijos, al conquistar los Tratados coronó la parte decisiva de nuestra independencia, alcanzó un nuevo peldaño en la maduración de la nación panameña y abrió la opción -que por un siglo nos fue negada- de construir un estado único, rompiendo la dualidad existente entre la colonia directa y el país incompleto y dividido.

Y puso el poder que tuvo al servicio de una solución progresiva y pacífica  del colonialismo y la soberanía de Panamá.  Este no fue un empeño oculto de trastienda, fue compartido con las grandes mayorías del país, que tienen, pese a todo, memoria histórica.

Ya es sabida la sentencia de que Panamá ha tenido muchos gobernantes y poquísimos estadistas, y de ellos Torrijos es una cúspide y que a su brillantez y convicciones nuestro país debe mucho en la afirmación de su dignidad nacional y haberle aportado a nuestro pueblo una luz en la ruta de su identidad y, precisamente, en lograr una opción factible de independencia, en su sentido más pleno y legítimo.

Fue Omar Torrijos quien le hizo por vez primera protagonista en las decisiones nacionales y no el espectador silente y despreciado que era.

Nosotros queremos un estado nacional; es nuestro objetivo: un estado independiente y soberano y democrático. 

Los tratados Torrijos-Carter al cumplirse nos colocó en la definición de que -por sacrificio histórico de un pueblo y por la equidad aún no conquistada - esa franja, su inmensa riqueza, su valor estratégico de intercomunicación marítima, sus tierras, diques, puertos, astilleros, lagos, islas, deben traducirse en desarrollo general de la nación. 

El uso más colectivo posible no fue un concepto emitido a la ligera, sin visual de futuro.  Se refiere al mayor grado de beneficio de toda la colectividad panameña.  No es usar en sentido utilitario y excluyente, no es repartirlo, ni acaparar para unos pocos  el singular artefacto de unir los mares y sus territorios adyacentes.  Es nuestra riqueza mayor, la que ha sido conquistada por todas las generaciones.

La patria no es una abstracción y construirla exigirá, además de política, de una dosis de sentimiento.  Lo que está y nos compete desarrollar y difundir es su ideario    -que como hemos dicho algunas veces, no es una doctrina ni un dogma cerrado- sino un conjunto de ideas sobre nuestro país y sobre nuestra sociedad.   

Ser independientes, independentistas, pensar con cabeza propia, decidir por nosotros mismos, buscar nuestra propia solución nacional y defender nuestros intereses nacionales son principios del torrijismo.  También lo es vivir de cara a nuestra propia dignidad y orgullo nacional. 

Un hombre como él, fundamentalmente honrado consigo mismo y con su pueblo, bien puede darse el lujo de descansar en paz cuando la patria sea por fin, y de una vez por todas, toda la patria. No antes y ello depende más de nosotros que nadie.

El país del presente y el futuro es el país que visualizó el general Omar Torrijos. 


 

DISCURSO DE EDUARDO MORGAN G. POR PREMIO “UNIVERSIDAD 2015”

AUTOR: EDUARDO MORGAN

Agradezco profundamente al Rector Magnífico y al Consejo Académico la distinción que hoy me ha sido conferida y al Profesor Miguel Angel Cañizales sus generosas palabras. Este gran honor me compromete a seguir colaborando con mi querida alma mater en la que recibí excelente formación académica y deontológica y donde forjé amistades que han permanecido inalterables a través del tiempo.

Un día como hoy, el 7 de octubre de 1935, hace 80 años, nació nuestra Universidad en las instalaciones del glorioso Instituto Nacional. Fue su fundador Harmodio Arias Madrid, presidente de la República, y su primer rector, Octavio Méndez Pereira. Las clases se daban de noche y contaba con seis facultades, la de Derecho una de ellas. Comenzó con una matrícula total de 175 estudiantes. Quince años después, el 29 de mayo de 1950, se iniciaron las clases en sus nuevas instalaciones gracias al interés de otro gran estadista, el presidente Enrique A. Jiménez. El campus tenía un área de 60 hectáreas y formaba parte de los terrenos conocidos como El Cangrejo, que incluían tierras adicionales para el campus de la Escuela de Artes y Oficios.

Cuando ingresé en la Facultad de Derecho, en 1955, los estudiantes ocupábamos una pequeña ala de la Facultad de Administración Pública y el horario también era nocturno. Empezábamos clases a las 5 y terminábamos a las 9 de la noche. En ese tiempo no existía la Internet y la Facultad carecía de biblioteca propia. Teníamos que subir a la Colina, en donde estaban las oficinas administrativas y la biblioteca central de la Universidad. Esas subidas y bajadas equivalían a una clase de educación física y ayudaban a mantener en buenas condiciones a los futuros abogados.
Cruzando la calle interior estaba la Escuela de Medicina y había un acuerdo no escrito de que los futuros médicos estaban exentos de participar en los paros, huelgas y manifestaciones que se organizaban para protestar contra el gobierno o para ir a tirarle piedras a la embajada americana. Reconocíamos que los futuros galenos no podían interrumpir sus estudios por ninguna causa, por más patriótica que esta fuera. Muchas veces yo terminaba mi día yéndome a estudiar con los futuros médicos aprovechando el respeto que la dificultad de sus estudios exigía.

En ese tiempo, en la universidad había grupos de extrema izquierda y de centro. De la derecha, si los había, estaban siempre sumergidos ya que se les acusaba de ser espías a sueldo del gobierno o de la Guardia Nacional. Sin ser activista en la política estudiantil, yo mantenía buenas relaciones con todos, al punto que me postularon como candidato a la Junta de Facultad. Fui derrotado nada menos que por Alma Montenegro, hoy de Fletcher, una de las cuatro mujeres que estudiaban en la Facultad. Alma fue una de las pioneras de la rebelión femenina que hoy, triunfante, constituyen mayoría en todas las facultades de la universidad. Alma llegó a ocupar con gran acierto y dignidad importantes cargos en la vida pública, entre ellos el de Procuradora de la Administración. Alma no cesa de recordarme, y si es en público con más énfasis, que me derrotó en aquellas elecciones. En 1958, tuve el honor de ser candidato a la presidencia de la Unión de Estudiantes Universitarios, la gloriosa UEU. Los que me respaldaban eran activistas de la Democracia Cristiana con mucha fuerza en el movimiento estudiantil. Quedaron muy desilusionados porque perdí esa elección por un solo voto, el mío. Creo que los amigos que me postularon nunca perdonaron mi ingenuidad política.

Retomando mis recuerdos de estudiante, el horario nocturno me permitía trabajar como pasante en la oficina de mi padre, disfrutar de su magnífica biblioteca y tenerlo a él y a su socio, don Lorenzo Hincapié, otro gran jurista, de consultores para absolver algunas dudas sobre la interpretación de normas o principios jurídicos. También disfrutaba mucho de las clases que impartían Narciso Garay, Dulio Arroyo, Renato Ozores, José Isaac Fábrega, César A. Quintero, Publio Vásquez, Eloy Benedetti y Víctor de León. Este último, aunque era el Procurador General de la Nación, igual que yo llegaba a la universidad en las “chivitas del Hospital”, así llamadas por la ruta que recorrían y eran el equivalente a las “chivas gallineras” del interior. Otro profesor inolvidable fue Rubén Darío Carles, el gran Chinchorro, que enseñaba Economía. Sus clases las dictaba en el Auditorio José Dolores Moscote, a las que también asistían estudiantes de otras facultades. Las lecciones de Chinchorro eran un espectáculo, casi una función de teatro. Nos hacía exámenes de cultura general y analizaba luego públicamente las respuestas. Su larga vida, dedicada a la defensa de Panamá, hizo que mantuviéramos nuestra amistad y que fuera permanente el cariño que nos profesábamos. En las reuniones de APEDE siempre en su mesa había una silla reservada para mí.

Pasó el tiempo, me gradué con honores y me correspondió dar el discurso de graduación. Luego de la ceremonia mi padre hizo un brindis en nuestra casa e invitó a mis profesores y a sus grandes amigos, entre ellos al Dr. Ricardo J. Alfaro y a don Samuel Lewis Arango. Aproveché el momento para entregar a mi padre mi diploma y las medallas que había ganado diciéndole que ese diploma y esas medallas los había ganado para él porque él siempre había sido mi inspiración. Mi padre, un gran jurista, solo había cursado hasta el 6º Grado de primaria; su título de abogado se lo otorgó la Corte Suprema de Justicia en 1923. Él solía decirme: “Mi escuela fue el trabajo y mi universidad la vida”. En memoria suya nuestra firma estableció en el año 2000 la Beca Eduardo Morgan para estudiantes de derecho con buenas notas y pocos recursos económicos. Los estudiantes son escogidos por las autoridades universitarias y las becas se otorgan a aquellos a los que les falten dos años para graduarse a fin de que puedan dedicarse tiempo completo a sus estudios. Hasta la fecha 17 estudiantes han sido beneficiados con esta beca.

El primer puesto me otorgó una beca para estudiar el post grado y además, recibí, a través de la embajada de Estados Unidos, otra magnifica beca para seguir estudios en la prestigiosa Universidad de Yale. El año antes de ingresar a Yale trabajé de abogado y me fue muy bien. Si no hubiera sido por Diana, mi esposa, me hubiera quedado en Panamá, ganando buen dinero. Nos fuimos juntos a los Estados Unidos y allí nació mi primer hijo, Eduardo Enrique. Hoy tenemos 53 años de casados y dos hijos estupendos: Eduardo Enrique y Dianita que nos han dado 6 nietos: dos varones y 4 niñas. A Diana le debo el éxito que he tenido en mi vida pues ha sido una compañera maravillosa. Otro factor importante ha sido mi hermano, Juan David. Hemos sido inseparables. Juan David, además de abogado y escritor es un gran ejecutivo. No solo ha convertido a Morgan y Morgan en una organización importante sino que ha sido uno de los motores detrás del Museo del Canal y ha contribuido a que la Ciudad del Saber sea lo que es hoy. Los amigos que tiene, que son muchos, conocen sus dotes de guitarrista, cantante y golfista y además es miembro de número de la Academia Panameña de la Lengua.

Durante mi estadía en la universidad de Yale, tuve acceso a los anaqueles de su famosa biblioteca y aproveché para estudiar todo lo relacionado con Panamá. Si algo caracteriza a los EE.UU. es su transparencia, sus extraordinarias bibliotecas y sus Archivos Nacionales donde queda constancia escrita de todo lo que hace el gobierno, lo que usualmente con el transcurso del tiempo se torna de dominio público. Me interesaba escribir una tesis sobre las relaciones de Estados Unidos y Panamá en torno al Canal, la Zona y las bases militares. Conocí de primera mano la perfidia de Bunau-Varilla y de John Hay al apresurar la firma del tratado en horas de la noche y en casa de este último para burlar a los plenipotenciarios panameños que viajaban a Washington precisamente a negociar el tratado. También cambiaron los términos del Herrán–Hay para hacerlo más gravoso a Panamá como, por ejemplo, convertir los 5 kilómetros de la Zona en 5 millas. Pero tal vez la peor maldad de Bunau-Varilla fue la carta que remitió al Senado en la cual, so pretexto de interpretar el tratado, nos privó de los puertos y convirtió las ciudades de Panamá y Colón en guetos. Bunau-Varilla interpretó que los puertos que el tratado reservaba a Panamá eran los del mercado público y el muelle Fiscal; y en Colón hizo otro tanto. Según él, las ciudades de Panamá y Colón comprendían solo lo ya construido, o sea, las edificaciones existentes. Así ambas ciudades quedaron encerradas por la Zona del Canal. De esta manera Panamá quedó sin acceso al mar y sin posibilidades de establecer la comunicación interoceánica por otra parte del Istmo pues el tratado le daba a EE.UU. el monopolio de la comunicación interoceánica. Pero la infamia con Panamá no terminó aquí. En los anales del Departamento de Defensa encontré una nota dirigida años más tarde a los Departamentos de Estado y del Tesoro pidiendo que se evitara que Panamá pudiera obtener un empréstito para construir una carretera o un ferrocarril entre las ciudades de Panamá y David porque, (y copio del texto original) “para la defensa del Canal a EE.UU. no le conviene que Panamá tenga buenas vías de comunicación”. Esto ocurrió en 1911, tiempos durante los cuales aún para viajar a La Chorrera había que ir por mar.

Es ejemplarizante ver como la lucha de las sucesivas generaciones fraguaron el carácter del panameño que nunca se acobardó ante el imperio y que de los reclamos de mejores condiciones pasó a la acción. (A los que quieran profundizar sobre esta época de nuestra historia les recomiendo la lectura de los libros Price Possesion, del profesor Inglés John Major, y The Canal Builders de Julie Greene, profesora de historia de la Universidad de Maryland).

En la última etapa de la lucha por la soberanía hay dos fechas claves: el 9 de enero de 1964 y el 7 de septiembre de 1977. Nada tengo que añadir a la gesta de nuestros mártires de enero y del presidente Chiari. Ellos fueron el abono que hizo fructificar la independencia. En cambio, el 7 de septiembre de 1977, fecha en que culminó el alpinismo generacional, todavía levanta protestas por parte de aquellos que quieren amalgamar lo ocurrido el 11 de octubre de 1968 con la dictadura corrupta que estableció años después el general Noriega. La historia de los pueblos debe ser contada como pasó y no tratar de cambiarla para satisfacer intereses que siempre terminan siendo pasajeros. Les relato una experiencia cuando fui embajador en Estados Unidos en 1996. En el despacho del embajador hay un hermoso recuadro con los nombres de todos los embajadores que han ocupado la embajada de Panamá en Washington. Me extrañó que no apareciera el nombre de Philippe Bunau-Varilla, nuestro lamentable primer embajador. La explicación que me dieron es que solamente incluían a los “panameños” y que Bunau-Varilla era francés. Yo ordené que fuera agregado porque la historia no puede ignorar la realidad y es ridículo engañarse, tal cual hacían los soviéticos que eliminaban las fotos de los que habían caído en desgracia como si nunca hubieran sido parte de la historia.

Es cierto que la acción del Presidente Arias en 1968 al desconocer el acuerdo de respetar el escalafón de los mandos castrenses, acuerdo que había tenido como testigos a la alta jerarquía de la Iglesia Católica y a aliados políticos importantes, fue el detonante que determinó que el golpe de Estado ocurriera el 11 de octubre. Pero también es cierto que este tenía ya varios meses de estarse fraguando. Las razones eran muchas: corrupción, falta de garantías electorales y de una verdadera democracia, las barreras que impedían la consolidación de una clase media que fuera el equilibrio necesario a los grupos económicamente dominantes y la imperiosa necesidad de resolver de una vez por todas el tema del Canal. Recuérdese que los tratados negociados por el gobierno del presidente Marco A. Robles, los llamados “Tres en uno”, acababan de fracasar ante la oposición política que se levantó contra los mismos. El liderazgo lo asumieron desde temprano el entonces teniente coronel Omar Torrijos Herrera y sus compañeros de armas, con el apoyo de un grupo de civiles entre los cuales me encontraba yo. Hay que recordar que en aquellos días la única institución verdaderamente organizada del Estado era la Guardia Nacional, entonces bajo la jefatura del general Bolívar Vallarino, que se había esmerado en consolidar una institución que sirviera al país. El gobierno de Torrijos actuó con independencia de los grupos políticos existentes, y si algo lo caracterizó fue el talento del cual se rodeó. Contó con colaboradores de la talla de Reina Torres de Araúz, Luis H. Moreno, Juan Antonio Tack, Nicolás Ardito Barletta, José Antonio de la Ossa, José Isabel Blandón, Nilson Espino, Marcela Camargo, Ricardo de la Espriella, Samuel y Gabriel Lewis Galindo, Rodrigo González, Gustavo García de Paredes, Rómulo Escobar Betancourt, Aristides Royo, Ricardo J. Alfaro, Edwin Fábrega, Roberto Alemán Zubieta, Ernesto Pérez Balladares, Omar Jaén Suarez, Nicolás González Revilla, Gerardo González, Mario de Diego, Adolfo Ahumada, Juan Materno Vásquez y Ricardo Rodríguez entre tantos otros. De ese cúmulo de talentos nació el Centro Financiero, los nuevos Códigos de Trabajo, Penal y Judicial, y encabezado, por el Dr. Ricardo J. Alfaro, la reforma electoral; el desarrollo energético y otras instituciones que le dieron una nueva cara al país. Pero su obra cumbre fue, por supuesto, la negociación y firma de los Tratados Torrijos–Carter que no solo nos devolvieron el Canal, su zona y la posición geográfica sino que nos convirtieron en un país verdaderamente independiente al eliminar la oprobiosa colonia clavada a perpetuidad en la mitad de nuestro territorio y las bases militares que ocupaban las áreas más valiosas de la zona de tránsito. (Recomiendo la lectura de la magnífica obra de Omar Jaén Suárez sobre los Tratados). Casi todos los panameños, de una u otra forma, colaboraron en esa titánica lucha. Desde un principio Torrijos se fijó el año 2000 como la meta para lograr la independencia total y la devolución del Canal. Hoy me doy cuenta de que él planeó una verdadera guerra diplomática contra EE.UU. y que sus armas para ganarla no podían ser otras que la dignidad, la moral y el apoyo del resto del mundo para sitiar al gran imperio y obligarlo a ceder. Luego de lograr el respaldo de su pueblo, obtuvo el apoyo de los presidentes demócratas de América Latina (Carlos Andrés Pérez, Alfonso López Michelsen, Daniel Oduber) y de allí se volcó a obtener el apoyo del resto de las Américas y del Caribe. La sorpresiva apertura de las relaciones con Cuba, país proscrito por la OEA y por los Estados Unidos, fue una de las llaves que le permitió neutralizar a los grupos de izquierda y consolidar el acceso a los países del Tercer Mundo y a los no alineados. Recibió la visita en Panamá del legendario Mariscal Tito, con quién trabó una genuina amistad. En su periplo por el mundo entero, su sinceridad, determinante de su gran carisma, y la vehemencia con que planteó su lucha le valieron el apoyo de los países europeos y de los países árabes. Logró sobrepasar las barreras de la enemistad de judíos y palestinos y obtuvo el apoyo de ambos. La labor de la comunidad hebrea de Panamá fue invaluable para conseguir el apoyo de Israel y de la influyente comunidad hebrea de EE.UU. Monseñor McGrath puso toda su influencia para que la Iglesia Católica norteamericana apoyase a Panamá, y se consiguió, incluso que el famoso actor de cine John Wayne, miembro conspicuo del partido republicano, nos apoyara para tratar de contrarrestar los ataques de Ronald Reagan contra la devolución del Canal. No nos olvidemos de que el eslogan del futuro presidente de los Estados Unidos era “Lo construimos, lo pagamos, es nuestro y nos vamos a quedar con él”.

En el mundo coexistían entonces dos imperios: El imperio bueno: Estados Unidos, y el imperio malo: la Unión Soviética. Torrijos logró convencer a los Estados Unidos, apoyado por el mundo entero, de que no podía seguir considerándose el imperio bueno si persistía en mantener una situación evidentemente injusta en Panamá. Jimmy Carter, un ser humano muy especial y de una gran fibra moral, llegó a la presidencia de EE.UU., se convenció de que la razón asistía a Panamá y estableció una excelente relación con Torrijos. Fue el elemento clave para hacerle justicia a nuestra causa.

Torrijos complementaba sus planteamientos morales con la amenaza de paralizar el Canal. No ocultaba que de ser necesario su generación estaría dispuesta a sacrificar la vida para que la situación de oprobio no continuara, sacrificio que él estaba dispuesto a liderar. Es muy conocida la anécdota de su viaje en helicóptero sobre el canal con el general Brown, jefe del Estado Mayor Conjunto del ejército norteamericano. Después de enseñarle puntos vulnerables del Canal como objetivo de posible sabotaje, Torrijos le preguntó a Brown: “General, ¿qué es más importante para ustedes: ser los dueños del Canal o poder usarlo? Panamá les garantiza su uso”. Posteriormente, en una audiencia del Comité de Relaciones Exteriores del Senado, un senador le preguntaría a Brown “¿Y es que no podemos defender el Canal de los panameños?” Y Brown respondió: “Por supuesto, pero denme 100.000 soldados”.

El 7 de septiembre de 1977 terminó la guerra con la que Panamá liberó el territorio ocupado y el 31 de diciembre de 1999 se recuperó el Canal. La paz con los Estados Unidos se firmó, en la sede de la OEA, en Washington, teniendo como testigos a los presidentes de toda América o sus representantes.

La epopeya de Panamá para lograr su independencia total, determinará que la figura Omar Torrijos ocupe algún día el mismo sitial que ocupan Bolívar, en Venezuela, Sucre, en Ecuador, San Martín, en Chile, Martí, en Cuba, Morelos, en México. Estos empuñaron las armas para derrotar a un Imperio español en decadencia; Torrijos empleó la única arma que podía vencer al imperio más poderoso que recuerde la historia: la moral y el apoyo del resto del mundo.

No puedo dejar de referirme a un tema recurrente en nuestro medio: el Tratado de Neutralidad, cuyo nombre completo, con el que fue firmado por Carter y Torrijos, es “Tratado concerniente a la Neutralidad Permanente del Canal y al Funcionamiento del Canal de Panamá”.

Para interpretarlo cabalmente, hay que tener presente lo que establece el primer párrafo de su Artículo I: La “República de Panamá declara que el Canal en cuanto vía acuática de tránsito internacional será permanentemente neutral conforme al régimen estipulado en este tratado”.
Esto quiere decir que se reitera la premisa que rigió en nuestro istmo desde que se construyó la vía acuática: el Canal es una servidumbre de paso abierta a la navegación de todos los países, ubicada en el Istmo de Panamá, que fue administrada por EE.UU. hasta el año 2000 y desde entonces es responsabilidad del dueño del territorio donde está situada, la República de Panamá.

Este tratado está muy por encima de un simple tratado de defensa. Fue la llave que permitió al Presidente Carter que el Senado aprobara por la diferencia mínima de un voto el traspaso del Canal a Panamá, la eliminación de la Zona del Canal y la retirada de las bases militares. Su discusión rompió récord como el tratado más discutido por esa alta cámara. La oposición política, liderada por Ronald Reagan, consiguió que lo adversara un porcentaje importante de la opinión pública y que muchos de los senadores que lo apoyaron, al igual que el Presidente Carter, no fueran reelegidos en sus cargos.

Omar Torrijos afirmó sin ambages, “Estamos bajo el paraguas defensivo del Pentágono” y añadió, “con este tratado, el ejército más poderoso del mundo no es que tenga el derecho sino la obligación de defendernos”. De esta forma “no tendremos que emplear los recursos que nos dará el Canal en tanques y aviones de combate sino en tractores para nuestros campesinos y en más escuelas para nuestro pueblo”.
Pero el tratado de neutralidad va mucho más allá: Panamá se obliga a operar el Canal como un buen padre de familia para que “este permanezca seguro y abierto para el tránsito pacífico de las naves de todas las naciones en términos de entera igualdad y, agrega la enmienda o aclaración al artículo VI …” si el Canal fuere cerrado o se interfiriera con su funcionamiento, la República de Panamá y los Estados Unidos de América, cada uno tendrá, independientemente, el derecho de tomar las medidas que cada uno considere necesarias, de conformidad con sus procedimientos constitucionales, incluyendo el uso de la fuerza militar en la República de Panamá, para abrir el Canal o reanudar las operaciones del Canal, según fuere el caso.”

Este artículo determina que no puede haber huelga en el Canal o ninguna acción que lo paralice, sea de sus trabajadores o de terceros. De ocurrir, EE.UU. podrá mandar su ejército a ocupar el Canal y abrirlo nuevamente a la navegación. Y este es un riesgo que no puede correr el país. La ley que rige la Autoridad del Canal así lo previó al prohibir taxativamente “la huelga, el trabajo a desgano y cualquier otra suspensión injustificada de labores”. Como siempre es mejor prevenir que lamentar; sería prudente que se legislara estableciendo penas ejemplares a los que pretendan llevar a cabo la paralización del Canal. No podemos arriesgarnos a perder nuestra independencia y nuestra riqueza por la irresponsabilidad de unos cuantos.

No puedo terminar este discurso sin mencionar el legado que nos deja el liderazgo y administración del actual Rector de la Universidad de Panamá. Se han creado durante su gestión cuatro nuevas facultades: Ingeniería, Psicología, Informática, Electrónica, Comunicación y Medicina Veterinaria, y hoy son 19 las que se ofrecen al estudiantado. Se han desarrollado tres nuevos centros regionales en: Bocas del Toro, Chepo y Darién. Además se establecieron dos nuevas extensiones universitarias en Aguadulce y Soná para cubrir la demanda estudiantil y evitar así la migración hacia otras ciudades. Se instituyeron más de 30 programas anexos, entre los que destacan los de Unión Chocó y Sambú, en la Comarca Emberá Wounaan; Garachiné y Yaviza, en el sector afrodescendiente del Darién; en Ocú, Las Tablas, Isla Colón, Chiriquí Grande, Kankintú, Kusapín, El Valle de Antón, Olá, Churuquita Chiquita, San Miguel Centro, El Copé, Nombre de Dios, Río Indio, Portobelo, Tonosí, Macaracas, Tortí, Arraiján, Chame, San Carlos, Sitio Prado, Cerro Puerco, Guabal, Cartí, Nargará y Ustupu. La universidad cuenta hoy con 21 Centros de Investigación, siete Centros de Innovación, Desarrollo Tecnológico y Emprendimiento fuera del Campus Central, concebidos para impulsar la investigación pertinente que ayude al progreso de la región donde están instalados.

Como se puede apreciar la obra del Dr. Gustavo García de Paredes en la Universidad de Panamá ha determinado que la Primera Casa de Estudios Superiores del país tenga presencia a todo lo largo y ancho del territorio nacional, apoyando las áreas más urgidas de desarrollo. La universidad que nació nocturna todavía sigue ofreciendo cursos en ese horario para que los panameños de estratos más humildes puedan estudiar de manera casi gratuita, desde Cabo Tiburón hasta Punta Burica. Desde que inició la Universidad en 1935 en los salones del Instituto Nacional se han graduado alrededor de doscientos setenta mil estudiantes y actualmente se cuenta con una matrícula de aproximadamente cincuenta y ocho mil.

La labor desarrollada por el rector García de Paredes, unida a la de aquellos que le precedieron en el ejercicio del cargo, ha venido a hacer realidad el anhelo de su primer rector Octavio Mendez Pereira, cuando hace exactamente 80 años, en su discurso inaugural, expresó: “Esta modesta Universidad Nacional ofrecerá a todos los panameños igualdad de oportunidades en la cultura superior y suprimirá de un solo tajo la restricción de esa cultura para el pueblo, considerada hasta aquí como un privilegio de los ricos o de los favorecidos por la suerte”.
Muchas gracias


MEMORIA VIVA, PRESENTE Y FUTURO

Manuel Orestes Nieto

 

 

MEMORIA VIVA, PRESENTE Y FUTURO

 

En la vida de los pueblos hay una constante única, intransferible, como la huella dactilar: es el cincelado en la roca basáltica de la memoria de los hechos, los acontecimientos, los segundos y años de su constante paso, del transitar, de generaciones tras generaciones,  de lo que pasa hacia el presente y siempre hacia un destino.  Ese transcurrir perenne se plasma en las páginas de su historia, con la veracidad de lo acaecido, en el pergamino sellado para ser eternamente leído, con sus epopeyas, sus tragedias, sus heroicidades y sus oscuridades, en la vida compartida de las colectividades humanas o en la individual osadía, puntual en eventos irrepetibles..  Es el nicho donde la memoria pervive y nos relata, anuncios pretéritos para el porvenir..

 

Por ello, la Fundación Omar Torrijos, valora la importancia de la memoria nacional de Panamá, sus grandes lecciones, sus momentos singulares y su hondo dolor por las infamias y los desconciertos, como clavos en las manos que no nos merecíamos como país.  Y, especialmente valoramos en toda su dimensión lo que es la construcción paulatina de la nación y los motivos suficientes para la autoestima y el reconocimiento a quienes han aportado acciones e ideas en la dirección histórica correcta.

 

Desde el tiempo fundacional de Panamá y de nuestras raíces plurales, desde la mezcla de sangres diversas e identidades multiétnicas y pluriculturales, hasta el actual día que transcurre, hay una historia nacional que nos enseña y es el espejo de nosotros, de lo que ha sido y es de todos. 

  

Esa historia vivaz siempre está allí para que podamos reconocernos y conocer las raíces de  nuestros ancestros y de cómo llegamos hasta aquí y otear hacia dónde vamos.

 

Particularmente, en el largo y ancho discurrir del siglo XX, desde el mismo nacimiento republicano en 1903 y la incrustación colonial en el territorio central del istmo, hay una jornada casi centenaria de dignidad y vehemencia por ser un país libre y soberano.

 

Fase histórica que desembocó en una solución negociada y que se plasmó en los Tratados Torrijos-Carter, como instrumento jurídico de derecho internacional, para que desde el 31 de diciembre de 1999, la estructura colonial y militar de los Estados Unidos fuese totalmente desmantelada y seamos, desde ese día, los dueños de un Canal exclusivamente panameño.

 

Generaciones patrióticas, hechos letales, justas reclamaciones, ideas creativas que alumbraron días complejos, martirologio y vergüenza, siembra de banderas, trochas abiertas, un país invadido Panamá, y al culminar un siglo convulso el territorio patrio -herido y partido de un océano a otro- es reivindicado.

 

La Fundación Omar Torrijos, por su propia razón de existir, considera que en ese esfuerzo de generaciones, bajo el fuerte impulso de ser nación, en la etapa final de dirimir para siempre las diferencias por la ruta interoceánica y los territorios ocupados, la notable conducción del general Omar Torrijos Herrera ocupa un espacio estelar, con liderazgo y convocatoria exitosa,  para que nuestra nación lograse un objetivo de escala patriótica.

 

A la Fundación Omar Torrijos nos corresponde irradiar y compartir el legado del general Omar Torrijos Herrera, su extraordinaria dimensión patriótica, con todos los ciudadanos, en homenaje permanente a su aporte y el sitio que ocupa en la historia.

  

Se escalaron varias cimas y se hizo justicia indudable a nuestro país.  Ha sido parte de una historia no lejana que debe ser siempre activa y presente; por ello nos hemos propuesto acopiar, informar, investigar, debatir, valorar y trasmitir. 

 

La iniciativa de reconstrucción de los hechos acaecidos y su disponibilidad pública y muy especialmente para las jóvenes generaciones, constituye un esfuerzo que se compromete desplegar la Fundación Torrijos y que su Junta Directiva definió en una programación sostenida a partir de su relanzamiento, en este año 2015, a sólo 15 años de alcanzar la patria su independencia y rumbo a las décadas futuras del siglo XXI.

 

El foro, el debate, el diálogo, los documentos, las imágenes, los testimonios, la voz, constituyen elementos nutrientes de una memoria viva que con esmero promoveremos desde la Fundación, a nivel nacional, sobre toda nuestra historia, interactuando con instituciones y asociaciones del país y más allá de nuestras fronteras, con otras naciones con las cuales nos unen lazos y caminos recorridos juntos.

 

Memoria viva que en el presente implica, a su vez, convergencias de criterios o contrastes para sopesar, y extraer lecciones, sobre los eventos pasados y también del actual presente y la estela de nuestra nave nacional hacia adelante. 

 

La Fundación abrirá así su sala para el debate respetuoso y enriquecedor, democrático, libre y sin sesgos aún en la diferencia de enfoques.  Ello es: con apego a la veracidad, a la luz de los hechos, con la búsqueda de las fuentes históricas y reunirlas para su utilidad pública y cívica.

 

La historia, vista en esa perspectiva, es protagonista y acompañamiento para el avance de la nación y el crecimiento educativo y cultural de nuestro pueblo, de nuestra juventud y nuestra ética.

 

Confiamos en que desde la Fundación Omar Torrijos podamos ofrecer coordenadas de  espacio y tiempo donde se ubica nuestra patria en la lontananza de los tiempos y en sus hombres y mujeres que hacen cada día un país que resistió el destino de su destrucción y se empinó a la vida con coraje e hidalguía: Ese país profundo que está en nosotros como la tierra que se pisa y el agua que nos circunda.

 

Invitamos a la Fundación a quienes crean y sientan que así pueden darse pasos para construir-país, que es idéntico a edificar la casa de todos.  

 

 

DOCUMENTOS DE NEGOCIACION DE LOS TRATADOS

 

El 6 de septiembre de 2015, el Departamento de Estado de los Estados Unidos, desclasifica un conjunto de documentos relativos al proceso negociador de la década de los años setenta, que culmina con la firma, ejecución y cumplimiento de los Tratados Torrijos-Carter.  En forma precisa, entre 1973 y 1976, cruciales e intensos años donde el resultado fue la liquidación colonial en nuestro suelo y la entrega absoluta a Panamá de la extinta Zona del Canal, la vía interoceánica y los territorios adyacentes a la ribera canalera.  Anteriormente, en lo que atañe a Panamá, otros documentos se han liberado y son de conocimiento universal.  Se precisa que los mismos son producidos y comunicados por la parte norteamericana de aquella compleja negociación, y circulados hasta su liberación de forma restringida entre sus protagonistas, diplomáticos, embajadores, negociadores, entidades, instituciones y/o agencias, sobre una notable cantidad de temas, observaciones, percepciones, informes y valoraciones. La Fundación Omar Torrijos, coloca en su sitio oficial el archivo digital que contiene los documentos señalados, para la lectura y valoración general, bajo el criterio consistente de la importancia capital que tiene esa etapa específica de nuestra historia.  En todos los casos, el siglo XX culminó con la patria soberana y tiene que ser motivo de orgullo de la nación esa conquista.

 

Foreing Relations Of The United States 1969-1976 Volume XXII Panamá 1973-1976. Department of State, Washington, DC. http://static.history.state.gov/frus/frus1969-76v22/pdf/frus1969-76v22.pdf

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LIVING MEMORY, PRESENT AND FUTURE

By: Manuel Orestes Nieto


In the life of nations there is a unique constant, untransferable as a fingerprint: is the chiseled in the basalt rock in memory of facts, events, seconds and years of constant pitch, the transit of generations after generations, what happens to the present and always to a destination. That perennial passing is reflected in the pages of its history, the truth of what happened, in the sealed parchment to be read forever, with its epics, tragedies, heroism and darkness, in the shared life of human communities or in individual daring, punctual on unrepeatable events. It is the niche where memory survives and recounts, bygone announcements for the future.

Therefore, the Omar Torrijos Foundation appreciates the importance of national memory of Panama, its great lessons, its unique moments and its deep sorrow for the outrages and embarrassments, like hand nails that we did not deserve as a country. And especially we appreciate in the extent of all what is the gradual construction of the nation and sufficient reasons for self-esteem and recognition to those who have contributed to actions and ideas in the correct historical direction.

Since the founding time of Panama and our pluralistic roots, from the mixture of diversity of blood and multiethnic and multicultural identities, to the present day that passes, there is a national history that teach us and is the mirror of ourselves, of what has been and belongs to everyone.

This lively story is always there for us to recognize and know the roots of our ancestors and how we got here and where we are going to.

Particularly throughout the twentieth century discourse, since the republican birth in 1903 and the colonial inlay in the central territory of the isthmus, there is a nearly century-old journey of dignity and earnestness to be a free and sovereign country.

Historical phase that led to a negotiated solution and which resulted in the Torrijos-Carter Treaties, as a legal instrument of international law, in order that since December 31, 1999, the colonial and military structure of the United States was fully dismantled and be from that day, the exclusively owners of a Panamanian Canal.

Patriotic generations, lethal facts, fair claims, creative ideas that lit complex days, martyrdom and shame, planting flags, open trails, an invaded country Panama, and at the end of a tumultuous century the wounded patriotic territory of one ocean to another is claimed.

The Omar Torrijos Foundation, for its own existing reason, believes that the efforts of generations, under the impetus of being a nation, in the final stage of settling forever differences for the inter-oceanic route and the occupied territories, the remarkable conduction of General Omar Torrijos Herrera occupies an important space, with leadership and successful notice for our patriotic nation achieved an scale objective.

Corresponds to the Omar Torrijos Foundation to radiate and share the legacy of General Omar Torrijos Herrera, its extraordinary patriotic dimension, with all citizens, in permanent tribute to its contribution and place it occupies in history.

Several summits were climbed and became undeniable justice to our country. It has been part of a not distant history that has to be always active and present; therefore we intend to collect, report, investigate, discuss, evaluate and transmit.

The initiative for reconstruction of the events and its public availability and especially for the younger generation, constitutes an effort that promises to deploy the Torrijos Foundation and that the Board of Directors defined in sustained programming from its relaunch, this year 2015 just 15 years since the country reached its independence and on its way to the future decades of the XXI century.

The forum, debate, dialogue, documents, images, testimonials, voice, nutrients are elements of a living memory that with dedication we will promote from the Foundation  at national level, regarding our history, interacting with institutions and associations of the country and beyond our borders with other nations which we are linked by ties and paths traveled together.

Living memory that today implies and at the same time convergence of criteria or contrast of weigh, and extract lessons on past events and also of the present and the wake of our forward national ship.

The Foundation will and open its room for respectful and enriching democratic, free and without bias, even though with difference on debate approaches. This is in adherence to the truth, in the light of the facts, with the search for the historical fountain and gathered for its public and civic utility sources.

History, seen in this perspective, is the protagonist and support for the advancement of the nation and the educational and cultural growth of our people, our youth and our ethics.

We hope that from the Omar Torrijos Foundation we can provide space coordinates and time where our country is located at the distance of time and on its men and women who make each day a country that resisted the fate of its destruction and rose to life with courage and nobility: That deep country that is in us as the land we stepped and the water around us.

 

The Foundation invite those who believe and feel that they can be considered to build a country, which is identical as to build the house of all.

 

TREATIES NEGOTIATING DOCUMENTS

 On September 6, 2015, the United States Department of State, declassified a set of documents relating to the negotiation process of the decade of the seventies, culminating with the signing, implementation and compliance of the Torrijos-Carter Treaties. Precisely, between 1973 and 1976, crucial and intense years in which the result was the colonial settlement in our soil and absolute surrender to Panama the former Panama Canal Zone, the waterway and adjacent territories of the canal bank. Earlier, in regard to Panama, other documents have been released and are of public knowledge. It is specified that they are produced and reported by the American side of that complex negotiation, and circulated until its strict release between its protagonists, diplomats, ambassadors, negotiators, institutions and / or agencies on a significant number of subjects , observations, perceptions, reports and assessments. The Omar Torrijos Foundation, placed on its official website the digital file containing the documents mentioned, for reading and overall assessment under the important criterion that has that specific event of our history. In all cases, the twentieth (XX) century ended with a sovereign country and must be reason of proud this achievement of the nation.

 

Foreing Relations Of The United States 1969-1976 Volume XXII Panamá 1973-1976. Department of State, Washington, DC. http://static.history.state.gov/frus/frus1969-76v22/pdf/frus1969-76v22.pdf



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