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VIGENCIA DEL TORRIJISMO

VIGENCIA DEL TORRIJISMO

Intervención 31 de julio de 2014
Fundación Omar Torrijos
Martín Torrijos Espino

I.

Recuerdo que en la mañana del 31 de julio de 1981, recibí una llamada pidiéndome que fuera a casa de mi padre. Fue el inicio de uno de los días más difíciles que me ha tocado vivir.

De la llamada a la noticia transcurrieron pocos minutos. Siempre abrigamos a que apareciera en otro lugar o en otro país, pero no fue así.

Su muerte llegó camino a Coclesito.

Tenía solo 18 años y perdí al padre, al amigo, el compadre y al guía.


Y al igual que yo, miles de panameños compartimos el dolor y la incertidumbre de ese momento.

Por años me tocó aceptar lo duro de sentir que ya no estaba entre nosotros. Me tocó ver a gente humilde que pasaba por su tumba en Amador, con una flor en la mano y una oración en sus labios.

Como también aprendí a valorar la lealtad de personas como Chuchú… como Rómulo, como Edwin Fábrega, como Gerardo… y otros valiosos torrijistas en los que reconocí su inquebrantable lealtad.

Aprendí, con amargura las lecciones de la ambición y lo cómodo que resultaba para algunos tener memoria selectiva.

Recuerdo que fue la época donde firmados los tratados iniciaba el repliegue, el proceso democratizador y la cuenta regresiva para que Panamá tomará posesión soberana de su Canal.

También era la época en que el general Torrijos entra en la geopolítica con su solidaridad con las luchas de liberación en Centroamérica y con un reconocimiento de su liderazgo dentro de los países del tercer mundo.

Omar Torrijos hizo valer la dignidad, supo convocar a una nación.


Y también fue un maestro.

De allí que cada lección, más que una receta de dogmas, era una acumulación de experiencias que vivía de forma tan igual a su pueblo que aún hoy, mucha gente que no lo conoció cree en él.

De allí que supo interpretar anhelos individuales y sueños colectivos como nadie.

De allí su enorme capacidad de entender que las reivindicaciones y las transformaciones la unen, no la edad, sino los sentimientos.

Por eso habló del alpinismo generacional con desprendimiento. Por eso sumó a jóvenes y viejos con la seguridad que no unía edades sino voluntades.

Por eso cuesta creer que ahora lejos de unirnos iniciamos por clasificarnos por orden cronológico, descalificarnos entre ricos y pobres, ignorando la disyuntiva entre la decencia y la inmoralidad y entre el talento y el cinismo y el pragmatismo que se esconden tras el juega vivo.

La realidad es que Torrijos recuperó lo político sobre lo económico y reivindicó el valor de la dignidad frente al dinero.

Este es el corazón del ideario del general Torrijos y del cual siempre nos sentiremos orgullosos.

II.

Y es que Omar Torrijos sembró raíces tan profundas, que a pesar de todos nuestros errores, de todo lo que hemos hecho para erradicarlas, ellas resisten y sobreviven como un proyecto de poder popular y ciudadano.

Plantearse que debemos volver a reencontrarnos con nuestras raíces, sin analizar la responsabilidad que nos cabe por el extravío en el que hemos caído, hoy treinta y tres años después, es una aseveración desconsiderada e irrespetuosa.
.
Si aceptamos que además se introduzca el resentimiento o el odio social dentro de las filas del torrijismo, estaríamos validando que el rango se impone sobre la jerarquía.

Estaríamos desconociendo que se requiere de autoridad moral y ética para erradicar las prácticas políticas que han envilecido y desfigurado nuestro proyecto de poder.

Tanto es así que ya muchos panameños no se ven representados en nosotros y en ocasiones siento que ni nosotros mismos sabemos que representamos. Lo cierto es que somos los dirigentes los que hemos fallado.

Por eso, en esta fecha nos corresponde evaluar con valentía y honradez, con desprendimiento y con firmeza, porqué treinta y tres años después, estamos aquí, en medio de una crisis tan innegable y compleja.

Compleja porque no es únicamente nuestra sino de una sociedad muy desigual. Esa crisis evidencia la fatiga del orden social; evidencia el retorno de aquellas fuerzas que Omar Torrijos ubico en su justa dimensión.

Hemos permitido, con nuestras acciones y con nuestras omisiones, que el poder económico domine de manera hegemónica la política nuevamente

Hay que reconocer que vivimos la crisis de un sistema político, social y económico y que ha revelado miserias que los torrijistas no debimos haber tolerado nunca.

Tenemos la obligación de corregir y el deber de ganarnos la confianza de nuestro pueblo.
Tenemos que convertirnos nuevamente en la fuerza capaz de interpretar las aspiraciones sociales, transformar un sistema político decadente y recuperar la pluralidad democrática.

Y en este nuevo recorrer es indispensable restaurar las dos cualidades que hicieron grande a Omar Torrijos: la moral y la decencia, las joyas más preciosas de su escala jerárquica.

Si nos apreciamos de ser los herederos de Omar Torrijos, entonces no valen el individualismo, el clientelismo, el pragmatismo y, lo que ofende más a la memoria de Omar Torrijos: aceptar que sea el sonido de las cajas registradoras el que rija nuestras vidas.

El lujo que no podemos permitirnos es infectarnos con el virus de la avaricia.

Como también está prohibido que matemos otra vez al general Torrijos, por nuestros egoísmos, por nuestra inmadurez o por nuestra incapacidad de aceptar nuestros errores, que dicho sea de paso, no comenzaron hace unos pocos años, sino que se iniciaron el propio 31 de julio de 1981.

III.

Estimados amigos, compañeros en el torrijismo:

En Omar Torrijos está el camino para que Panamá sea un país incluyente, justo.

En nuestra capacidad de reconstruir con desprendimiento, creatividad y coraje el país plural está la clave del tránsito hacia el futuro.

Esa es su herencia, millonaria en ideas, no en avaricias.

Ese es su legado, el país donde lo político equivale a lo humano y donde las riquezas se comparten como la esperanza.

El torrijismo es estar del lado de la decencia.
El torrijismo nos debe inspirar para luchar contra la corriente, por muy adversas que sean las circunstancias y vencer.

Tengo confianza en que en ese pensamiento existe la sabiduría para encabezar las transformaciones que reclaman estos nuevos tiempos.

Tiempos que exigen innovar y ampliar las formas de participación social y política, y también compartir los logros y beneficios de una economía creciente.

Yo sé que los torrijistas consecuentes estarán a la altura de las circunstancias.
Yo sé que seremos capaces de cruzar el puente que nos llevará del pasado al futuro.

Ese es el puente que tenemos que cruzar. Con el mismo orgullo, la misma satisfacción del deber cumplido y con la fuerza moral que reconoce la sociedad en quienes legítimamente se comprometen con sus mejores intereses.

Esa es la apuesta de esta generación, que no se clasifica ni por tamaño ni por edad, la que sabrá identificarse nuevamente en base a sentimientos y valores, y no en base a quien empuja más a la división.

El torrijismo es un compromiso compartido, es la nueva cima por conquistar es la responsabilidad de todos.

El legado inmortal del panameño más lúcido de todos los tiempos.

Que dejó sobre nuestros hombros una responsabilidad ineludible, con Panamá. Y que nos dejó, sobre todo, los principios irrenunciables para actuar en la dirección correcta, construyendo nuestro país y alcanzando el futuro.

A Omar Torrijos le decimos hoy, aquí, que esa responsabilidad histórica los torrijistas la vamos a cumplir.

 


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